lunes, 10 de febrero de 2014

Aire de Dylan, de Vila-Matas. O quién soy o cuántos soy.


Ficha (extraída de internet)
Título: Aire de Dylan
Autor: Enrique Vila-Matas
Nº de páginas: 328 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: SEIX BARRAL
Lengua: CASTELLANO
ISBN: 9788432209642

Sinopsis (extraída de internet): 
Al igual que Dylan mi padre fue un raro», dice Vilnius, más conocido como el pequeño Dylan, mezcla del cantautor americano y Rimbaud, convencido de que el fantasma de Lancastre, su difunto progenitor, le está traspasando sus recuerdos y clama venganza. Mientras el joven Vilnius se dedica a completar su Archivo General del Fracaso, busca a alguien que reconstruya las memorias de su padre y funda la infraleve y muy ligera sociedad Aire de Dylan, cuyos miembros intentarán desenmascarar a los asesinos de Lancastre en el transcurso de una representación teatral. La nueva novela de Enrique Vila-Matas es un homenaje al mundo del teatro y una divertida e implacable crítica del postmodernismo, contada a través de la relación de un padre y un hijo que personalizan el duro contraste entre la cultura del esfuerzo y el creativo arte de encogerse de hombros y no hacer nada, como Oblomov, el personaje «radicalmente gandul» de la literatura rusa.

Crítica personal
Lo bueno de los clubs de lectura es que el libro que toca toca. Es decir: te autoimpones la lectura sí o sí para el mes que viene, y no hay aplazos posibles. Algunos lo verán como algo impositivo “yo leo lo que quiero y cuando quiero”, dirán, pero a mí ya me va bien, porque me gusta ese factor sorpresa, y a veces te toca un autor que ya llevabas tiempo posponiéndolo y nunca te ponías con él. Es lo que me  ha pasado con Vila-Matas. Así que me estrené con la última novela suya: Aire de Dylan.
Del autor que tratamos había oído principalmente dos cosas:
1- La crítica literaria lo ensalza, y con bastante unanimidad.
2- Sin embargo no es un autor para el lector medio. Es decir, no suele gustar a un número considerable de personas que busca en la lectura puro y duro entretenimiento.

El punto número 1 que atañe a la crítica lo veo cierto: las críticas que, en general, he leído suelen ser muy elogiosas. Y el segundo punto… si me tengo que guiar por mi experiencia personal en la tertulia del club debo decir que también es cierto. A muy pocos les gustó la novela, la mayoría dio una opinión desfavorable. ¿A qué se debe esto? ¿Cómo es Aire de Dylan?

Pues veréis, de entrada, algo que se dijo en la tertulia es que no era una novela verosímil, que los personajes no parecían realistas y la historia es muy rocambolesca. Y tenían razón. Aire de Dylan es inverosímil. Pero inverosímil de forma deliberada —me apresuro a deshacer el entuerto— porque Vila-Matas no pretende ser el reflejo de un cristal realista —a pesar de que la situación geográfica sí lo es: bares y librerías de Barcelonas asomarán por el recorrido de la novela—. Sus personajes son símbolos, tipologías de una concepción filosófica-artística determinada, y a través de esa concepción actúan. Además, está la rocambolesca trama hamletiana con sus asesinatos y traiciones, en un claro guiño a la obra de Shakespeare, sin perder el tono desenfadado y humorístico. Porque Aire de Dylan es una novela muy humorística, pero eso sí: de humor fino e irónico, para nada chabacano.

No sé si Aire de Dylan es muy distinta a sus obras predecesoras, pero me parece evidente que ciertos rasgos literarios como son clímax, ritmo narrativo, evasión o pura y dura aventura no van con Vila-Matas. Va con otros autores, con otro tipo de literatura que no es mejor ni peor, simplemente diferente. Pero no con Vila-Matas. Lo suyo es otra cosa: es metaliteratura, es la reflexión constante sobre temas como, al menos en esta novela, la identidad o la posmodernidad. Y todo esto adobado con muchas referencias culturales—cine, teatro y literatura—. Y es en todos estos rasgos donde la novela se sustenta, y en mi opinión se sustenta muy bien. El lector, pues, debe compartir un contexto tácito con Vila-Matas, estar en su misma onda. Si en cambio todas estas cuestiones te resultan aburridas y carentes de interés sencillamente Vila-Matas no es un autor recomendable para ti.

Aclarado este punto, paso a comentar otras cosas de Aire de Dylan:

— La figura de Bob Dylan. Imposible no hablar de él en esta novela, ya presente explícitamente en el título.
El protagonista, Vilnius, se pasa la novela buscando su identidad, empeñado en ser auténtico y en “ser yo mismo”. Paradójicamente, para ser él mismo, ha decidido ser un clon de Dylan. Viste y se peina igual que él. Resulta también irónico, aparentemente, que sea Bob Dylan ejemplo de “autenticidad”, ya que ha sido un artista en constante evolución, y no sólo en la cuestión puramente musical, sino a la hora de asumir máscaras. Y sin embargo… parece que sí, que Bob Dylan es auténtico —y mira que suelo detestar la palabra “autenticidad” porque en el mundo de la música suele connotar cerrazón—, porque en el fondo siempre ha hecho lo que le ha dado la gana. Auténtico porque Dylan nunca se ha llegado a construir con una sola máscara —¿Cuántos yoes hay en cada uno de nosotros?—, de haberlo hecho probablemente hubiera incurrido en la mayor de las imposturas.
Sí, de este palo va el joven Vilnius

— Así pues, el tema de la identidad planea sobre toda la novela Hay un fragmento que es revelador y no me resisto a compartir:
<<Uno nunca sabe quién es. Son los demás los que le dicen a uno quién y qué es. Te explican tantas veces quién eres y de formas tan distintas, que al final uno acaba por no saber en absoluto quién es. Todos dicen de ti algo diferente. Incluso uno mismo está siempre cambiando de opiniones. Si a eso añadimos que uno se esfuerza por sorprender a los otros siendo varias personas al mismo tiempo, lo que en verdad acaba sucediendo es que terminamos no teniendo ni la menor noción de quién somos o podríamos haber sido>> (Juan Lacastre, La interrupción).

Y no solamente tendemos a querer construirnos a nosotros mismos, sino también a querer construir nuestro pasado, nuestra historia. Así como también construimos el pasado y la historia de los demás. De nuevo nos encontramos una ironía: tanto empeño en construirnos a nosotros mismos, tantos años queriendo encontrarnos y definirnos para que, finalmente, sean los demás quienes expliquen y fijen nuestra identidad. Vilnius, junto a su novia Débora, la cual fue también amante de su padre —sí, ya les dije que la historia es rocambolesca—, decide encargarse de escribir las memorias de su padre, y ello conlleva un ejercicio de fabulación. Ellos tendrán la última palabra de Lacastre. ¿Qué incluyes y qué dejas fuera del relato? ¿A qué le darás trascendencia y a qué no? En un momento dado, al entrar en un establecimiento al que acudió su padre, los dos jóvenes piensan lo siguiente:

Después fueron al bar de enfrente, al Mokarico, que cuarenta años antes había sido la pizzería Mario, el primer restaurante italiano abierto en Barcelona, un lugar muy frecuentado en su tiempo por el joven Lancastre, obcecado cliente que pasaba tantas horas allí que por aquellos días mucha gente llegó a creer que él era el hijo de Mario, el dueño. Por momentos, especularon Débora y Vilnius con la posibilidad de incluir en las memorias apócrifas de Lancastre episodios juveniles que tuvieron lugar en esa pizzería que fue centro de la bohemia artística Barcelona a finales de los sesenta. Enredos creados por el equívoco de que el joven Lancastre era el hijo de Mario, por ejemplo. Quién lo diría, dijo Débora, que este lugar llegó a ser centro de algo, hoy en día parece el hueco más irrelevante de la Tierra

Débora dice que ese lugar llegó a ser centro de algo. ¿Lo fue realmente? ¿O ellos creen que fue el centro de algo por el simple hecho de que allí estuvo el gran Lacastre? Y si no lo fue, ¿lo será si las memorias se publican? Esto es un ejemplo de cómo construimos el pasado, de cómo construimos tópicos y a la vez pretendemos que el tópico también nos construya a nosotros.

— Vila Matas se burla de esta trascendencia que le damos a las imposturas, de lo ridículo que resulta la búsqueda de Vilnius. Pero Vila Matas no queda fuera de su propia burla, se autoincluye genéricamente, riéndose también de él mismo. Porque ¿quién está totalmente a salvo de caer en la idea de la ingenua autenticidad como cae Vilnius? De hecho, se podría decir que la novela tiene un segundo protagonista: un escritor que asiste a toda esta historia, y que también lleva la voz narrativa en la novela. Es inevitable no ver al propio Vila-Matas en dicho personaje —además, está la pista de que ambos nacen en el mismo año—. Dicho personaje, en el club de lectura, fue el que más gustó porque “no se le veía tan rarito como los demás”… y sin embargo, dicho personaje al final se ve contaminado por las ideas de Vilnius y Débora:

Iba a decirlo esto para sacarme la espina del ridículo que creía haber hecho momentos antes con mi simulación de desmayo, pero al final no me pude contener y dije que en verdad estaba todo claro, clarísimo: se trataba de que yo, representante de una generación forjada en la cultura del esfuerzo, una generación apaleada y acostumbrada a fatigarse, trabajara como un idiota para ellos.

—La figura del padre está muy presente en la obra, y no sólo por la historia de Vilnius, también en la parte de la novela que se desarrolla en Hollywood, y no digo más para no spoilear. Recibimos una herencia y tenemos que lidiar con ella, y esto entronca con la típica lucha generacional. Lucha generacional que en la novela se ve claramente entre la generación del padre de Vilnius, la generación del esfuerzo, y la generación de Vilnius y Débora, consistente en… no hacer nada. Vivir en un “estado poético”, como quiere vivir Vilnius. La burla a la posmodernidad es evidente.

— Sí, ya he comentado que la ironía está presente en la obra por todo el tema de la identidad. Pero no sólo ahí: el deseo de fracasar de Vilnius también resulta irónico: si fracasa, triunfa. Si triunfa, fracasa. Le sucede en su congreso sobre el fracaso, y cuando va a Hollywood buscando una aguja en un pajar.

Todavía me quedan algunas cosas en el tintero, pero ya sería destripar demasiado la obra.
En definitiva, sí, me ha gustado, y mucho. Y tendré que probar con otras obras de Vila-Matas.

Puntuación: notable alto.
Te gustará si te gusta reflexionar sobre arte y posmodernidad.
Un personaje a destacar: sí, al igual que el resto de gente del club de lectura, yo también me quedo con el alter ego de Vila-Matas. Parece normal comparado con el resto de personajes, tan estrafalarios ellos, pero se acaba viendo involucrado en los proyectos de Vilnius. Lo he dicho anteriormente: nadie está a salvo de caer en lo que cae Vilnius, aunque el caso de Vilnius pueda estar exagerado, de acuerdo. Pero repito: nadie está a salvo de buscar su identidad.
Un fragmento:

Al ir a doblar una esquina, alguien me preguntaba a qué me dedicaba si ya no pertenecía al gremio de los chupatintas y yo le contestaba lo que Diaghilev respondió un día cuando le preguntaron qué era exactamente lo que hacía en los ballets rusos, ya que ni componía, ni tocaba, ni bailaba:
—No hago nada, pero soy indispensable.

1 comentario:

  1. La verdad es que tiene buena pinta, aunque por el momento no me animo a leerla. No descarto hacerlo en un futuro.
    Muy buena reseña para empezar.
    Besos:)

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