domingo, 23 de marzo de 2014

Dos biografías musicales, y el duro camino al éxito.


Terminé hace días la autobiografía de Miguel Ríos, Cosas que siempre quise contarte. Y ando leyendo justo ahora una biografía de Barón Rojo, escrita por Mariano Muniesa. Hay dos fragmentos que he destacado de ambas lecturas, dos fragmentos que hablan de la incertidumbre y de lo que cuesta llegar a triunfar. Muchos artistas, después de trabajo y esfuerzo, lo logran. Tanto Miguel Ríos como Barón Rojo, más allá de gustos musicales personales, están en las páginas de la historia musical de este país. ¿Pero y los que se cayeron por el camino y no llegaron? Son muchos los que caen. Y los que triunfaron, muchas veces, estuvieron a punto de caer también.Comparto dos fragmentos con ustedes:


El capricho ingobernable de la memoria amontona en mi cabeza los recuerdos amargos de los múltiples reveses que me ha propinado mi empecinamiento en vivir de un oficio más inestable que la Bolsa. Las noches de insomnio y confusión, atrapado en el círculo vicioso del miedo al fracaso. El miedo a no ser elegido. Esas imágenes de pensiones malolientes, de hoteles de carretera, de trenes de medianoche, de pueblos remotos, de salas semivacías, de públicos que miran lejos del foco que me enmarca, de inciertas carreteras secundarias que muestran tras la última curva un escenario sin luces, un equipo que no funciona, un camerino sin váter. De ese continuo desasosiego, emerge un chaval que se sobrepuso al insalvable revés de no debutar en el Rex. Un chaval sostenido por la esperanza y la necesidad de triunfar. Eso es lo que le contaba a mi cuñado, asesor y confidente en la distancia, en la mayoría de las cartas de esos años inciertos: <<Si no fuera porque sé que voy a triunfar, a ser el número 1, me volvería a casa. Son muy duras la incertidumbre y la soledad. Pero ¿qué voy a hacer en Granada?>>

Cosas que siempre quise contarte. Miguel Rios




Mariscal Romero, productor de Larga Vida Al Rock’n’Roll, recordaba: “Cuando estábamos grabando Larga Vida Al Rock’n’Roll, tengo una imagen grabada que nunca he olvidado, y era la imagen de Sherpa. Hubo muchísimos días que vino al estudio hecho polvo, deprimidísimo, parecía un mendigo, siempre con un chándal y una gabardina, y había días que según llegaba, se tumbaba en un sofá que había en una de las salas del estudio y se echaba a dormir. ¡Incluso a veces se echaba en el suelo! Yo creo que en ese momento Sherpa no creía cien por cien en el proyecto, y hasta cierto punto era lógico: Vamos a ver, que nadie me entienda mal, Sherpa era, y es, un músico de un talento increíble, pero que en el 80 estaba muy quemado. Era el clásico músico que había estado malviviendo con la música muchos años, tuvo una carrera en solitario que no funcionó, los Módulos tampoco tuvieron el éxito que él probablemente esperaba, no sé, quizá en ese momento pensaba: esto va a ser una más de mil y una intentonas, y yo en aquella grabación no le vi volcado, no le vi creyéndoselo al cien por cien. Ahora bien, tengo que decir igualmente que cuando el Barón petó, y se dio cuenta de que aquello sí que iba a funcionar, entonces se dejó la piel, se entregó al grupo en cuerpo y alma, hizo unas canciones acojonantes, se metió en el rollo del Heavy como nadie y bueno, tú lo sabes Mariano, en directo se convirtió en la figura central de Barón Rojo. Ahora, eso sí, aquel Sherpa siempre hecho polvo, dormido con la gabardina y el chándal, esa imagen no se me ha borrado nunca”.

Barón Rojo. Mariano Muniesa.




lunes, 3 de marzo de 2014

31 canciones, de Nick Hornby. O cómo tener una buena conversación sobre música




Ficha (extraída de la web de la casa del libro):
Título: 31 cancions
Autor: Nick Hornby
Nº de páginas: 160 págs. 
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: ANAGRAMA 
Lengua: CASTELLANO
ISBN: 9788433970428

Sinopsis (extraída de la web de la casa del libro):
El Rey -Elvis Presley- dijo una vez que la música es algo que te hace mover por dentro y por fuera. Y Nick Hornby escribe sobre las canciones que le hacen mover y le conmueven, las que amó alguna vez y las que ocupan un lugar significativo en la banda sonora de su vida. Comienza con Teenage Fanclub, «Tu amor es el lugar des de el que vengo», y termina con la espléndida Patty Smith y su mítica meada en el río. Y entre los unos y la otra, canciones de Van Morrison -Hornby quisiera que en su funeral tocaran Caravan-, de Bob Dylan, de Bruce Springsteen -ha escuchado Thunder Road cientos de veces, y fue la canción que le hizo desear ser escritor-, de Badly Drawn Boy, lan Dury, Nelly Furtado... Hornby intenta definir aquello que hay en la música pop que nos toca tan intensamente, como ninguna otra música puede hacerlo, y quizá su libro no sólo es una crónica de canciones, sino también de instantes, de revelaciones, de recuerdos ligados a estas músicas tan perecederas, tan fugaces, tan irreemplazables. «Una parábola maravillosa y nada pretenciosa sobre el poder de la música, una lectura intensamente placentera» (Vicki Green)

Opinión:
Dicen que la música no se puede explicar. Si lo que se quiere decir con esto es que no se puede poner una sonata de Chopin en palabras entonces es cierto. Pero sí creo que se puede explicar qué nos produce la música. E incluso, si nos estamos refiriendo a música acompañada con una voz que entona una letra escrita, también se puede explicar con un enfoque literario, histórico y social. Por eso tengo pendiente en este blog no sólo reseñar novelas, sino hablar también de cantantes y música. Pero eso será más adelante, no conviene que nos desviemos. Ahora la pregunta es: ¿se puede hablar de música en general y de canciones pop más concretamente y decir algo interesante? Sí. Nick Hornby lo consigue, en esta obra que lleva por título 31 canciones.

El título ya es muy explícito: en capítulos breves hablará de 31 canciones de las cuáles Hornby cree que tiene algo que decir. Porque las canciones son el hilo del cual tirar y así tener pie para hablar de, por ejemplo, cómo le gustan que sean los solos de guitarra algo que, según Hornby, deben reforzar el sentir de la canción, y no ser un alarde independiente de virtuosismo egocéntrico, de qué le parece la temática de la canción o de la evocación que le provoca. Pero no se queda únicamente en comentar cuestiones musicales, de hecho éstas son las menos en el libro. Porque 31 canciones no es una vivisección de piezas musicales, en ningún momento se asume el papel de crítico musical, ni pretende sentar cátedra ni hacer una lista buenas canciones. Hornby habla desde lo personal, y por lo tanto desde lo personal está hecha la lista de piezas musicales que aparece en el libro. Así, en ocasiones, nos irá desgranando vivencias biográficas —aunque el libro tampoco cae mucho en esto, y él mismo explica por qué en la primera canción que comenta—, o se pondrá a reflexionar sobre otros asuntos de cariz artístico—como cuando dice que ya se cansa de la sobrevaloración de reflejar el mundo duro y bronco en el arte (1)—, o nos contará la importancia de escuchar una canción en el momento idóneo de tu vida para que la canción te llegue más hondo (2). Porque una canción, como demuestra Hornby, te puede llevar a reflexionar sobre muchas cosas.
Y todo esto contado de forma coloquial, de tú a tú, sin pedanterías en su pluma. Como tampoco hay pedantería en su concepción musical. ¿Saben aquella frase famosa de “It’s only rock and roll. But I like It”? Pues se podría aplicar a Hornby. Es sólo música pop, pero le gusta. De la canción Pissing a River, nos dice que “es una canción pop, en otras palabras, y como un montón de otras canciones pop, es capaz de prácticamente casi todo”. En varios capítulos hace una defensa de lo simple y de lo popular, no es necesario recargar barrocamente las canciones ni tener grandes pretensiones para hacer una gran canción.

Y así he ido pasando las páginas de esta obra, leyendo sobre qué le gusta a Hornby y por qué y disfrutando de sus explicaciones. Lo cierto es que, mientras leía el libro, iba buscando por curiosidad las canciones en youtube y, al escucharlas, debo decir que no sentía la misma emoción y entusiasmo que Hornby sentía. Muy pocas me han gustado. Pero la coincidencia o no en el gusto es completamente irrelevante para disfrutar del libro —y creo innecesaria dar ahora una charla sobre la subjetividad del gusto—, lo interesante de la obra es, como he dicho anteriormente, a dónde nos lleva tirando del hilo de cada canción, y las diversas reflexiones que Hornby va desgranando.

No conocía a Nick Hornby, es el primer libro que leo de él, y el más atípico. En 31 canciones nos cuenta  cómo la música ha influido en su obra narrativa, haciendo referencia a algunas de sus novelas, como a Alta Fidelidad. Este libro ensayístico ha estado muy bien, así que estoy abierto a leer mi primera novela de Nick Hornby.


Puntuación: notable
Te gustará si te gusta mucho la música, y te encantan las recomendaciones (pese a que Hornby no recomienda nada en realidad), o que alguien te hable de su relación con algún arte.
Fragmentos: 
(1) Yo no necesito que me convenzan de que la vida da miedo. Tengo cuarenta y cuatro años y todo ha resultado ya suficientemente terrorífico, no necesito que nadie intente arrancarme de mi complacencia. Los amigos han empezado a morir de enfermedades incurables, dejando atrás a sus seres queridos, en algunos casos niños pequeños. A mi hijo le han diagnosticado una discapacidad grave y no sé qué le deparará el futuro. Y, por supuesto, en cualquier momento existe la posibilidad de que un lunático estrelle un avión contra mi casa, o contra una central nuclear, o intente echar algo en los depósitos de suministro de agua o en nuestros trenes subterráneos que nos vuelva a todos negros mientras los riñones se nos resecan. Así que permitidme que halle complacencia y seguridad donde pueda, y haced el favor de perdonarme si no quiero oír <<Frankie Teardrop>> ahora mismo.

(2) Pero más incluso de lo que lamento agotar la veta en todo lo que vale (o lo que vale para mí), lamento no haber oído nunca ninguna de esas canciones a la edad adecuada, en el año correcto. ¿Cómo habría sido escuchar <<Like a Rolling Stone>> en 1966, teniendo diecinueve o veinte años? Oí <<White Riot>> y <<Anarchy in the UK>> en 1976, con diecinueve años, pero la enorme fuerza que aquellos discos tenían entonces ahora se ha perdido en su mayor parte.

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