jueves, 9 de agosto de 2018

El Pueblo, de Zenna Henderson. O cuando los extraterrestres tienen más humanidad que nosotros



Ficha
Título: El Pueblo
Título original: The People Collection
Autora: Zenna Henderson
Lengua: castellano
Lengua original: inglés
Traducción: Elsa Mateo
Ilustración de cubierta: Trazo.
Nºde páginas: 601

Sinopsis (copiada de la contraportada)
Por primera vez en la historia de la fantasía y la ciencia ficción se agrupan en un único volumen, TODAS las historias de la entrañable gente de El Pueblo: Peregrinación (1961), El Pueblo: sin diferencias (1966) y los relatos de La especie imborrable, El viaje de Katie-Mary, El incidente del después y Las paredes.
Los ya clásicos personajes de Zenna Henderson son una especie de extraterrestres especialmente bondadosos llegada a la Tierra en pequeños grupos de supervivientes tras el paso a nova de su nuevo sol. Por su físico no se distinguen de los humanos, pero disponen de una moral claramente superior y de poderes PSI, que siempre han utilizado para el bien. Deben ocultar sus poderes (telepatía, telekinesis, etc.) de los humanos terrestres, no tan inclinados a la bondad, que los contemplan con horror y los persiguen acusándolos de practicar la brujería.

Opinión personal
Hace tiempo que debía reseñar El Pueblo, de Zenna Henderson. Leída en el 2016, anuncié reseña para el 2017. No me fue posible hacerla, así que no se me vaya a ir este año sin ponerme manos a la obra. El Pueblo no ha resultado ser una lectura tan deleitosa como esperaba. Suele ocurrir cuando tienes una expectativa alta, y yo la tenía. Leí que se trataba de una obra de ciencia ficción atípica, de carácter bucólico y poniendo el acento en lo sentimental. Todo esto, lejos de provocarme rechazo, me resultó atrayente. ¿Y me encontré una obra bucólica que ponía el acento en lo sentimental? Pues sí, efectivamente es lo que me encontré. No hubo engaño. Pero no de la manera que esperaba. No ha sido una obra de ciencia ficción que me haya entusiasmado, como sí hicieron Soy leyenda y Pícnic junto al camino. A pesar de todo, sí ha sido una obra curiosa, y en ocasiones me ha resultado simpática. Así que toca abrir la Posada del lector, que tenía muy pendiente esta entrada.

Debo empezar hablando, antes de nada, de esta edición de Ediciones B. Miquel Barceló, prologuista y experto en ciencia ficción, nos cuenta que en este volumen encontraremos “todo lo escrito por Zenna Henderson sobre sus entrañables personajes”. Porque estamos ante toda la obra compilada: los dos libros de relatos —Peregrinación (1961), y El Pueblo: sin diferencias (1966)—, más cuatro relatos sueltos: dos relacionados con El Pueblo —“La especie imborrable”; “El viaje de Katie-Mary”—, y otros dos que no lo están —“El incidente del después”; “Las paredes”—. Así que dividiré esta entrada entre las distintas partes en las que se divide el volumen. (Aviso, si es una persona muy escrupulosa con los spoilers, quizás no convenga leerla).

PEREGRINACIÓN
Peregrinación, publicado en 1961 fue el primer libro que recogió los relatos de El pueblo. Son un total de seis relatos que se fueron publicando previamente en revistas —el primero en 1952, y el último en 1959—. Henderson no se limitó únicamente a reunirlos, también les dio un hilo conductor: la historia de una chica, Lea, que pasa por un momento angustioso en su vida, e intenta suicidarse. Pero no puede llevar a cabo su plan porque un miembro del Pueblo se lo impide, y la llevará a un lugar extraño, una especie de congreso en el que los seres del Pueblo contarán y registrarán en un aparato mecánico una serie de historias personales. Y cada una de estas historias será uno de los relatos que Zenna Henderson publicó anteriormente en fanzines.

¿Y por qué los miembros del Pueblo quieren registrar sus vivencias en la Tierra? Mejor que nos lo explique uno de ellos:
—Los ancianos han decidido que sería prudente registrar nuestra historia hasta la fecha. Por eso estáis todos aquí. Cada uno de vosotros guarda en su interior una parte importante de nuestra historia. Cada uno de vosotros ha influido de forma indeleble en el curso de los acontecimientos que atañen a nuestros Grupos. Queremos conocer vuestras historias. No una reinterpretación a la luz de lo que sabéis ahora, sino la premisa original, la pregunta original, la comprensión original… —Se oyó un murmullo generalizado—. Sí —respondió Jemmy—. Vivirlo del principio al fin, exactamente igual… a pesar del dolor. Ahora —estiró el trozo de papel—, siguiendo un orden cronológico… Oh, antes que eso, ¿dónde está el grabador de Davey?
—¿El grabador? —preguntó alguien—. ¿Qué tienen de malo nuestros recuerdos?
—Nada —respondio Jemmy—. Pero queremos que este registro sea independiente de cualquiera de nosotros, que se vaya con el que se va y se quede con el que se queda. Compartimos los recuerdos en general, por supuesto, pero los pequeños detalles… bueno, de todos modos, traigamos el grabador de Davey. Ahora, siguiendo un orden cronológico… karen, tú eres la primera.
Como ven, pese a que los miembros del Pueblo cuentan con determinados poderes sobrenaturales, y uno de esos poderes consiste en tener un recuerdo global compartido por toda la comunidad, registrarán los relatos en un grabador. Les resulta de vital importancia esta preservación de sus vivencias y mantener una historia común lo más fidedigna posible. Y es que estos alienígenas tuvieron que adaptarse a la nueva realidad terrestre, una realidad que les fue hostil. No fue fácil para ellos, y como dice Alfred Bester, en unas palabras citadas en el prólogo de la edición, “la historia de El Pueblo es la historia del conflicto entre la voluntad de adaptarse a los estándares terrestres y el lento reconocimiento y aceptación de su especial identidad”. Efectivamente, el conflicto de identidad será una constante en la obra, una lucha íntima y solitaria entre lo que eran antes, lo que perdieron, lo que son y lo que deben ser y construir ahora. En el fondo, no deja de ser un asunto socialmente tan natural como es la inmigración, con las tristezas y nostalgias que eso conlleva. ¿Quiénes somos? ¿A qué lugar pertenecemos realmente? Se preguntarán los  miembros del Pueblo, sobre todo los nacidos ya en la Tierra, y más si son nacidos de una pareja mixta terrícola-alienígena. Esto último es el caso del segundo relato, <<Gilead>>, en el que dos hermanos, Peter y Bethie, se ven en dicha tesitura al ser mestizos.
Portada de Peregrinación, de una edición antigua de Minotauro

¿Y en qué se distingue exactamente un humanoide del Pueblo de un terrícola de la Tierra? Pues, físicamente, en nada. Son indistinguibles. Sólo hay dos rasgos, aparentemente, que marcan la diferencia —y por cierto, en toda la obra no aparece ningún gentilicio para definir a los miembros del Pueblo—. El primer rasgo, y probablemente el más llamativo a ojos de un terrestre, son las habilidades especiales que poseen. Todos tienen una serie de poderes compartidos como la telepatía, la capacidad de volar o, también, presentir cuando les llega la muerte. Pero además, estas gentes adquieren también, sobre todo en la adolescencia, unos poderes más específicos llamados “dones”. Y todos estos poderes deberán quedar ocultos para no ser acusados de brujería. “Para la mayoría de gente, diferente es sinónimo de malo”, dirá uno de los personajes. El segundo rasgo distintivo es la ética. Los miembros del Pueblo actúan movidos por una bondad y un sentido moral elevado. En muchas ocasiones, la comparación con nosotros los terrícolas salta a la vista, y dicha comparación no nos deja en buen lugar. Por poner tan sólo un ejemplo,  en el relato cuarto,  <<El desierto>>, vemos a una tal señora kanz reaccionar así ante un caso de bullying:
La señora Kanz se encogió de hombros.
—Si se vuelve peligrosa tendremos que sacarla de aquí.
—¿Pero por qué permitir que los chicos la atormenten? —protesté, sintiendo un espamo de ira.
 Me miró con expresión severa.
—Yo no lo <<permito>>. Los chicos siempre son crueles con los que son diferentes. ¿Aún no lo has notado?

La infancia y la adolescencia tendrán mucha presencia en la obra. Niños y adolescentes lo pasarán especialmente mal, para ellos será más difícil ocultar sus poderes. Pedirles tal cosa, como les exigen sus temerosos adultos, es pedirles que se repriman en algo que para ellos es completamente natural. En el tercer relato, <<Potaje>>, se aborda concretamente esta problemática con los niños del Pueblo, e incluso se ve cierto choque generacional.

Pero una vez terminado este primer libro recopilatorio, acabas dudando de las dos características diferenciadoras citadas entre terrícolas y alienígenas. ¿Seguro que somos tan distintos? Yo vi algo muy claro, algo que en ningún momento se dice explícitamente en la obra pero que pongo la mano en el fuego de que es así: terrícolas y alienígenas del Pueblo somos la misma especie. Totalmente. Muchos humanos no son tan bondadosos como los visitantes extraplanetarios, pero pueden llegar a serlo. Porque los seres del Pueblo una suerte de un espejo edificante para los humanos, cosa que refuerza la clara intención moralizante de Henderson. El sentido educativo de la lectura, pues, es evidente, hasta el punto de que la profesión más repetida que aparece en la obra será la de maestro —no en vano, ésa era la profesión de Zenna Henderson—. Ahora tocaría hablarles de otros rasgos de este primer recopilatorio, y hasta podría cerrar esta entrada explicando la valoración final. Pero si lo hiciera no me quedaría apenas nada para comentar del segundo compendio de relatos. Por desgracia, a la obra le pillas pronto los trucos narrativos y le captas totalmente el sentido. Por eso, cuando terminé de leer esta primera parte, lejos de seguir con el segundo recopilatorio del tomo, me vi en la necesidad de hacer una pausa e intercalar otra lectura de por medio. Pero pasemos ya con la segunda recopilación.

EL PUEBLO: SIN DIFERENCIAS
Sin diferencias se editó en 1966, y recopiló seis nuevos relatos relacionados con esta comunidad alienígena.  Pero esta vez, al contrario que en Peregrinación, no hay hilo conductor que una las historias. Sí habrá cameos de personajes del libro anterior. Por lo demás, Sin diferencias sigue con la misma tónica: moralismo e intencionalidad didáctica. ¿Qué aporta de novedoso respecto a Peregrinación? Poca cosa, quizás lo más esperado es el segundo relato, <<Diluvio>>, en el que se nos muestra cómo los alienígenas tuvieron que abandonar el Hogar y por qué. Un acontecimiento al que continuamente se hacía mención en Peregrinación y que como lectores conoceremos ahora narrado en primera instancia. Lo interesante, además, es que sabremos más de cómo estaba configurada esa sociedad. También, como novedad, hay relatos de la primera generación de miembros del Pueblo que cayeron a la Tierra y se ubicaron en el sur de Estados Unidos, ambientados en el siglo XIX.
Portada de una edición inglesa de Sin diferencias

Junto con <<Diluvio>>, en mi opinión destaca también <<Ángeles ignorantes>>, quizás el relato más cruento de todos. Y aún así, no hay recreación en la barbarie. Zenna Henderson se abstiene de describir escenas violentas, y las persecuciones mortales sólo se nombran a posteriori. Es decir: aunque se sabe que la violencia está ahí, jamás se recrea en tiempo y espacio presente, y ésta sucede siempre fuera de escena. Así, nada más empezar el relato de <<Ángeles ignorantes>>, encontramos a una niña pequeña recogida por una familia, la niña ha conseguido escapar de una masacre en la que ha muerto su familia. ¿La razón? Como ya he comentado, los miembros del Pueblo generan rechazo entre los terrícolas, pero esta vez hay un motivo más concreto: el fanatismo religioso, que no la religión. Pues Henderson no ejerce la crítica desde una postura atea, sino desde otra postura religiosa, una religiosidad amable que es como la entienden los miembros del Pueblo, ya que todos ellos creen en Dios y hasta rezan. Frente a una religión basada en el miedo, la prohibición y en negarse a disfrutar de la vida, los visitantes apuestan por una religiosidad tolerante, empática y que educa antes que castiga. Quizás por eso, porque en este mundo ficticio de Henderson existe un Dios compasivo, nunca se cae en el pesimismo, abriendo siempre una puerta a la esperanza. Esta religiosidad que transpira la obra me resultó muy reveladora, porque me hizo pensar en uno de los motivos por los cuáles no me entusiasmó la lectura: y es que me recordaba a mis clases de catequesis de la infancia. Sí, me explicaban que había que ser bueno y actuar correctamente, y me exponían una serie de valores. ¿El problema? Que todo resultaba demasiado abstracto. Y así me resultó también la lectura de El Pueblo. Y es muy fácil ser bueno en abstracto. Considero que el problema de la obra no es el moralismo —esa palabra que a muchos, a priori, espanta, y no debería ser así—. El problema fue encontrarme casos de fácil solución moral, sin que hubiera dilemas. Los miembros del Pueblo saben actuar correctamente, pero la mayoría de terrícolas, en cambio, presos de prejucios y miedos, actuarán mal. Se agradece que Henderson no predique explícitamente, y que ilustre con estas historias emotivas usando a los miembros del Pueblo para su fin, pero aún así llega a resultar cargante y repetitivo todo. Los casos problemáticos se quedan en la superficie. Por ejemplo, en el compendio de relatos anterior, Peregrinación, les hablé de Lea, la chica que quería suicidarse pero que fue salvada por miembros del Pueblo, llevada a un lugar a salvo y allí y escuchó sus historias. Lea al final desistirá de su intento suicida después de su experiencia, y recobrará sus ganas de vivir. Bien ¿pero qué problema tenía Lea? No se explica. Como lector, me esperaba casos más complejos, incluso, por qué no, dilemas morales. Mas no, acabé con la sensación de volver a recibir una de aquellas viejas clases de catequesis.

Y lo mismo me pasa con la emotividad de la obra—el fluir de lágrimas será recurrente en sus páginas—. Al leer críticas positivas de la obra, vi que algunos lamentaban que el hincapié que hacía Henderson en lo sentimental generase rechazo. ¿Por qué lo sentimental debe estar mal considerado? Y se decía que El Pueblo era una obra incomprendida. Sin ir más lejos, Miquel Barceló en el prologo comenta que:
Al parecer, en los años setenta  y ochenta esa ciencia ficción <<pastoral>> no se consideraba interesante ni valiosa. Parece ser que algunos (por ejemplo John Clute en su famosa enciclopedia, o Carolyn Cushman en LOCUS) han considerado el estilo <<emotivo y sentimental>> de Henderson como una debilidad en su obra, y que el interés  de la autora por la fe o la solidaridad resulta algo extraño en estos tiempos en que, más bien impera el cinismo. No estoy de acuerdo. En realidad, sin la función para desempeñar esos elementos no se comprendería el gran interés popular que ha despertado, por ejemplo, la obra de un autor como Orson Scott Card quien, precisamente en los últimos diez años, ha construido una gran carrera apoyada en esos mismos elementos. Y Card nunca he negado su interés por la obra de Zenna Henderson.
Leer estas palabras en el prólogo me puso los dientes largos, y en absoluto me echaba para atrás saber de esta vertiente sentimental. Me pareció interesante el planteamiento. Pero como adelanté al principio de esta entrada, me falló el desarrollo de la idea. Noté cierto acartonamiento, y frecuentemente echaba en falta que esa emotividad me perforara aún más, que me mostrara algo aún más profundo. Ojo, aclaro que tampoco se trata de algo vacío y vacuo —como sí pasaba en Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven, la “nadería” absoluta—, y sí llegas a empatizar con los personajes. A veces, te encuentras alguna buena reflexión, como ésta:
Clavé la vista en al taza de café, preguntándome con desesperación dónde podría encontrar a Francher. Después del episodio que había dado lugar tantos rumores, temía lo peor. Sin embargo, a menudo la gente que reacciona violentamente ante problemas relativamente insignificantes permanece aparentemente impertérrita ante problemas realmente serios. Como si no pudieran tener una reacción emocional adecuada.
Pero sientes que le falta un hervor, que se queda a medio camino. Sin ir más lejos, los enamoramientos que aparecen en la obra son muy reservados, y ni siquiera aparecen besos. Y no es que la ausencia de besos sea algo de vital importancia per se, pero sí considero que lo es que las relaciones amorosas te traspasen más. Tampoco ayuda que los personajes sean un poco intercambiables entre sí. ¿Los he visto de más planos? Los he visto. Tampoco son un desastre. Pero de nuevo, les falta una pincelada de profundidad más. Porque ver reiteradamente historias similares y personajes con los mismos problemas al final resulta demasiado previsible. Así, varias historias acaban en un accidente de vida o muerte, pero se logra evitar la tragedia gracias a algún miembro del Pueblo, a través de un deux ex maquina. Las repeticiones argumentales y temáticas dan poco dinamismo y eso repercute en la tensión, que no se mantiene. Por eso les recomendaría, apreciados lectores, que no se lean toda la obra del tirón.

¿Y qué puedo decir de la pluma de Henderson? Es correcta, describe bien, sin falta de detallismo y sin hacerse pesada. Y todo desde la sencillez, una sencillez bien lograda, que funciona. En ocasiones, sabe describir buenos momentos poéticos, relacionados con los momentos introspectivos de los personajes. Por ejemplo:
Supongo que muchas almas solitarias se han sentado junto a su ventana muchas noches para mirar la luz de la luna y han sentido una tristeza que no conoce alivio, una tristeza subrayada por una belleza que es, en sí misma, una agradable forma de aflicción… pero muy pocos han visto lo que yo vi aquella noche.
O también:
Había salido de las sombras y Lea observó el sereno montón de nubes… la maravilla inenarrable de un campo de nubes debajo de la luna. Era una belleza que no sólo alimentaba la vista sino que hacía que todos los sentidos ansiaran abarcarlas y aprehenderla. Le entristeció el no ser capaz de abarcarla con los brazos y sujetarla tan fuerte que pudiera fundirse en su propio ser.
Son  momentos de ternura que me gustan, los considero logrados, pero por desgracia no compensa lo negativo de la obra que les he contado. También destaca la creación de un léxico particular: el que sirve para describir los dones o los acontecimientos históricos importantes del Pueblo. Así pues, cada don tiene una palabra que sirve para definir a la persona que lo posee. Por ejemplo, habrá miembros del pueblo que serán “sensitivos”, otros “reparadores”. A Dios se le conocerá como la “Presencia”. La “Llamada” se produce cuando un miembro del Pueblo sepa que le llega la muerte. Y el accidente que les hizo estrellarse contra nuestro planeta será conocido como el “Cruce”.

La localización en la que se sitúan estas historias no será tema baladí. La acción siempre se sitúa en un medio rural, en poblaciones pequeñas. ¿Quizás por eso la marca de pantalones que se cita en más de una ocasión son los Levi's? Me he llegado a preguntar si era propaganda. En serio. Pero supongo que se debe a ese ambiente rural. Los pantalones Levi's se usaban en el campo, y más concretamente para trabajar en las minas. Y las minas serán lugares que aparecerán con frecuencia en la obra. Así que me cuadra la aparición de estos pantalones. De todas formas, si algún amable lector supiera algo de este detalle, le agradecería que lo comentara.

Este ambiente rural crea un aire bucólico en la obra. Y esta parte bucólica revela, además, otra cosa interesante: ¿dónde está la tecnología de los miembros del Pueblo? No la necesitan, casi. Las naves obviamente sí, así llegaron por accidente —el denominado “Cruce”— a nuestro planeta. Pero es una excepción, y que se explica en el relato <<Diluvio>>. No son seres que vivan en un ambiente tecnológico, ni en su planeta natal ni en la Tierra, no lo necesitan. Sus poderes les bastan. Tampoco se nombran armas, viven en paz y armonía. Da la sensación de que viven, literalmente, en el paraíso. Y mientras leía, tenía la sensación de que Zenna Henderson lanzaba una pregunta implícita: si los miembros del Pueblo no son inalcanzables para los humanos, ¿no podría ser que el Paraíso bien pudiera ser nuestro planeta Tierra y que sólo depende de nosotros lograrlo? Porque en este segundo recopilatorio se confirma aún más que somos la misma especie que los del Pueblo. Si hasta ahora habíamos visto a terrícolas que podían ser tan bondadosos como los miembros del Pueblo, en el relato <<El regreso>> veremos a un personaje visitante actuar de forma incorrecta, algo inesperado a priori pero que no logró causarme mucha sorpresa por lo previsible. Pasemos ya con los últimos cuatro relatos.
Zenna Henderson

Otros relatos de El Pueblo: <<La especie imborrable>>, <<EL viaje de Katie-Marie>>, <<El incidente del después>>, <<Las paredes>>
<<La especie imborrable>> y <<El viaje de Katie-Marie>> están insertados en el mundo ficticio de El Pueblo. En el primer relato la protagonista es profesora —vaya, qué sorpresa—, y se ve cómo lidia con un alumno con problemas. En el segundo nos encontramos en un ambiente hippie, en el cuál una chica estuvo con los habitantes del Pueblo, para después olvidarlo todo —como si se hubiera tomado un viaje de ácido—.
<<El incidente del después>> y <<Las paredes>> son dos relatos, ya sin relación con El Pueblo, pero aún así de corte fantástico. En el primero nos muestra un mundo en el que parece que haya habido una catástrofe en el que se haya iniciado una nueva era, y en el segundo se vuelve a hacer un ejercicio de empatía: una niña que ha visto otro mundo —pudiera ser el nuestro— y el resto de niños le hacen bullying. Otra historia muy propia de Henderson.

Ya hay que finalizar esta larga reseña. No, no me ha terminado de convencer. Por la eterna sensación de que falta algo, de que tendría que ir un paso más allá en muchos aspectos, y por lo repetitivo que resulta. No volveré a leer esta obra. Y me sabe hasta mal hablar negativamente de ella, porque da la impresión de que Zenna Henderson puso mucho mimo y empeño en crear estas historias y ser educativa. Incluso uno se acuerda del drama actual de los refugiados leyendo algo así:
—Podría ser que no nos aceptaran —sugerí.
—¡A unos refugiados sin hogar! —exclamó ‘Chell—. Si al Hogar llegara alguien necesitado…
—¿Aunque fuera diferente?
—Ante la Presencia todos somos iguales —sentenció ‘Chell.
—Pero recuerda —dije apretando la falda entre mis manos—. Sólo remóntate lo suficiente en el tiempo y verás los Días de la Diferencia anteriores a la Paz.
Y ‘Chell recordó. Volvió su rostro convulso hacia mí.
—¿Crees que tal vez no nos recibirían bien si encontráramos un nuevo Hogar?
—Si pudimos tratar de esa forma a nuestra propia gente, ¿cómo podrían tratar otros a unos desconocidos? —pregunté mientras sacudía la falda roja—.
Pero en la literatura no basta los buenos y edificantes propósitos. De todas formas, tampoco la considero una lectura perdida, de la que me haya arrepentido. Si bien mi deleite lector no ha sido del todo satisfecho, sí lo ha sido mi curiosidad. El Pueblo fue un libro de ciencia ficción atípico, una rara avis de la ciencia ficción, y por eso para mí ha tenido su punto leerlo. Mientras que en tantas obras de ciencia ficción los extraterrestres son hostiles y monstruosos, y nosotros los terrícolas las víctimas, en la obra de Henderson sucede justo al revés. Además, Zenna Henderson, según he leído, fue una de las primeras autoras de ciencia ficción que nunca utilizó seudónimo masculino para publicar. Nació en 1917 en EEUU y murió en 1983. Y recordemos que con el primer libro de Harry Potter, publicado en 1997, Rowling tuvo que ocultar las iniciales de su nombre por consejo de su editor. Así que no ha estado mal conocer a la señora Henderson.
Si alguna vez llegan extraterrestres a nuestro planeta, espero que sean miembros de El Pueblo, y no como los de Mars Attack
Valoración: Suficiente

Te gustará si te gustan las historias moralistas, valores piadosos cristianos, historias sentimentaloides.

2 comentarios:

  1. Bueno, ya has parido la dichosa reseña XDD Lo cierto es que sí te ha quedado larga. Pues de este paso, últimamente ando agobiadísima con las lecturas pendientes, así que gracias por no tentarme demasiado con este :P

    ¡Besos!

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    Respuestas
    1. Sí, has sido testigo de cuánto tiempo llevaba con ella XD
      Y sí, mejor pasa, que te toca ser selectiva :*
      ¡Un abrazo!

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