miércoles, 1 de abril de 2020

La habitación de invitados, de Helen Garner. O el equilibrio de la amistad


Ficha
Título: La habitación de invitados
Título original: The Spare Room
Autora: Helen Garner
Idioma: española
Idioma original: inglés
Traducción: Isabel Ferrer Marrades.
Editorial: Salamandra.
Nº de páginas: 160 páginas

Sinopsis (copiada de la contraportada)
Merecedora de diversos premios, así como del aplauso de la crítica y el favor de miles de lectores en diversos países —en Alemania figura en la lista de éxitos hasta la fecha—, esta novela marca el regreso a la ficción de Helen Garner, autora de enorme prestigio en su Australia natal.
El carácter autobiográfico de esta hermosa y emocionante exploración del ser más profundo queda evidente en las características de su personaje principal, Helen, una escritora de edad madura y arquetipo de la mujer moderna y emancipada. Helen prepara con esmero el cuarto de invitados a la espera de la llegada de su vieja amiga Nicola, tan bohemia e independiente como ella. Nicola va a quedarse tres semanas para someterse a un tratamiento de medicina alternativa, aunque muy pronto se hace evidente que se encuentra más enferma de lo que ella misma está dispuesta a aceptar. Por su parte, Helen, convertida en enfermera, ángel de la guarda y juez, apenas puede disimular su disgusto por la extravagante cura en la que su amiga confía ciegamente. El desacuerdo entre ambas no sólo genera una inesperada brecha en su amistad, sino que las mueve a reflexionar hasta qué punto están dispuestas a sacrificar los intereses propios por ayudar a otra persona, poniendo en peligro un estilo de vida al que no desean renunciar.
Exenta de sentimentalismo, pero llena de sentimiento, inteligencia y humor, La habitación de invitados ahonda en los múltiples sacrificios que exige la amistad y se pregunta dónde están los límites de la generosidad, de la paciencia, de la capacidad para engañarnos y ahuyentar así el fantasma de nuestra vulnerabilidad.

Opinión personal
Hay libros asociados a recuerdos, no ya por el contenido, sino por el momento o la circunstancia en el que se leyeron. Me sucede con La habitación de invitados, de Helen Garner, una novela que tengo vinculada a una vivencia muy concreta. Era el año 2012, y cursaba filología hispánica. Decidí probar con una asignatura de prácticas y elegí, de las diversas opciones, trabajar en una biblioteca. Un sitio lleno de libros, cómo no. Allí me ofrecieron participar en el club de lectura del mes siguiente, y el libro que tocaba leer era esta novela que hoy nos ocupa. Así que si quieren saber de esta novela, y también acerca de lo que me aconteció en la tertulia literaria, pasen y tomen algo.

La novela empieza con Helen preparando, con cariño y esmero, la habitación de invitados de su casa. Va a recibir la visita de su amiga Nicola, enferma de cáncer, que reposará durante tres semanas mientras se somete a un tratamiento para su crítica enfermedad. Aunque hay un gran pero que ponerle a ese tratamiento: es una magufada. Y por lo tanto una estafa, siendo éste un tema destacado de la obra. Helen tendrá que lidiar con el dificultoso cuidado de una enferma de cáncer más el plus de ser consciente de la estafa en la que crédulamente ha caído su amiga. Y aquí entra el segundo gran tema de la obra: la complicada relación entre el deber y la amistad, y la línea que separa lo racionalmente exigible del abuso de confianza.

Respecto al primer tema, la novela es muy clara en su condena a las pseudociencias, sin la más mínima concesión. Y desde el principio. A las pocas páginas, Helen nos cuenta cómo días antes de recibir a su amiga había quedado para cenar con un amigo suyo, psiquiatra. Y le expone la situación:
—¿Se quedará tres semanas? —preguntó mi amigo Leo, el psiquiatra. Era sábado por la noche, y yo, sentada en la espartana cocina de su casa en South Yarra, lo observaba guisar. Echó la pasta en un colador y lo agitó—. ¿Por qué tanto tiempo?
—Ha reservado plaza para un tratamiento alternativo aquí en Melbourne, en un centro de la ciudad. La han admitido con carácter de urgencia. Tiene que presentarse el lunes a primera hora de la mañana.
—¿Qué clase de tratamiento?
—No me atreví a preguntar. Me ha hablado de suero de peróxido y otras cosas horribles. En Sidney ya ha estado tomando vitamina C a grandes dosis. Ochenta mil unidades, me dijo. Por vena. Con algo que se llama glutatión, sea lo que sea.
Se quedó inmóvil con el colador en la mano. Parecía estar conteniéndose: nunca había reparado en las venas de sus sienes, bajo los rizos blancos.
—Todo eso es pura charlatanería, Helen.
Empezamos a comer. Leo dejó que se impusiera un silencio de psiquiatra mientras empuñaba el tenedor. Su terrier blanco y negro permanecía sentado junto a su silla y lo contemplaba con desvalido amor.
— Ya —dije—. Eso intuía yo. Cuando le diagnosticaron el tumor intestinal, le pidió al oncólogo que postergara el tratamiento por un tiempo para poder tomar grandes dosis de aloe vera. Y él le contestó: <<Nicola. Si el aloe vera redujera los tumores, lo recetarían los oncólogos del mundo.>>. Pero ella cree en esas cosas. En su casa, detrás del sofá, tiene una colchoneta magnética. Siempre me dice: <<Tiéndete en la colchoneta, Hel. Te curará la osteoporosis.>>
La habitación de invitados me pareció una novela muy valiente en mostrar este tema de forma clara. Así lo expuse en el club de lectura en mi turno. Y así se creó la polémica. De entre la gente, había dos personas muy convencidas de las bondades de estas “curas” alternativas. Concretamente de la cura alternativa por excelencia: la homeopatía. Eran dos personas muy puestas en general en estos temas. Una, por ejemplo, conocía perfectamente el tratamiento de vitamina C que se relata en la novela y al que se somete Nicola. La otra me dijo, muy enfadada, “que la ciencia había demostrado que la homeopatía era una cura eficaz”. Literal. ¿Y el resto de participantes? Bueno, iban de neutrales… pero los percibí inclinados hacia la opinión de esas dos señoras. <<Vale que Nicola en la novela diera con un charlatán estafador, pero Helen Garner carga demasiado las tintas contra las terapias alternativas>>, venían a convenir. En varios momentos de mi vida me he sentido claramente en minoría frente a los demás, y aquél fue uno de esos momentos. A la vez que veía –y vivía— a mi alrededor el estado de opinión sobre las pseudociencias, más valoraba esta novela. Había puesto el dedo en la llaga. Y con el valor añadido de no ser un panfleto, porque la denuncia de las pseudoterapias no es lo más esencial de la novela. Quizás porque tiene mucho de autobiográfica —tema para nada baladí—, y prima más contar una historia tal y como pasó.

Una historia que nos lleva forzosamente al otro gran tema citado: ¿Hasta qué punto se es generoso u egoísta? ¿Cuál es el límite que separa una cosa de otra? Este dilema sobre la generosidad y el egoísmo se entrelaza muy bien con el de la pseudociencia. Porque la pseudoterapia en la que cree Nicola y a la cuál se aferra con total convicción es lo que hace peligrar la relación de amistad, y añade dificultades en el cuidado de la enferma. Ya de por sí pasar un cáncer es duro, pero la cosa se agrava si encima te sometes a un tratamiento estafa que te provoca durísimos efectos secundarios:
Por la noche tuvo sudores. Sufrió dolores en el vientre y el hombro. Cada vez que yo oía moverse entraba en su habitación sin decir nada. Ella intentaba sonreírme: hacía ver que no padecía. Lo único que tenía para aliviarla era la última dosis de Digesic del día. Le llevé agua en la jarra de porcelana con un dibujo de hortensias rosadas y se la serví en uno de mis vasos más bonitos. Yo también bebí, para acompañarla. Por lo visto, la vitamina C administrada por vía intravenosa le destrozaba la columna vertebral: no podía permanecer erguida. La cuidé, retirando sábanas y haciendo un rebujo con ellas, sacando otras limpias, refrescando la cama y volviendo a refrescarla. Mientras lo hacía, ella se sentaba en la silla de madera del rincón, con la cabeza inclinada y las manos largas unidas sobre el regazo. Finalmente concilió un sueño profundo. Yo volví a rastras a mi habitación y la casa quedó en silencio... Siempre había pensado que la pena era la emoción más agotadora. Ahora sabía que era la ira.
(…)
—No entiendo cómo pueden seguir administrándote el tratamiento de vitamina C sabiendo que tiene esos horribles efectos secundarios. ¿En teoría para qué sirve?
—Pero, Helen —susurró—, pasa lo mismo con la quimio y la radio. Nadie sabe cómo actúan, ni la una ni la otra, pero siguen aplicándose.
Como ven, pese a su sufrimiento físico, Nicola tiene un gran consuelo mental, creyendo seguir el tratamiento correcto. ¿Pero qué pasa con Helen? Pasa que ve cómo su amiga paga 2000 dólares semanales a una clínica estafadora y va a peor. Helen también sabe que el cáncer de su amiga se halla en fase cuatro, y por lo tanto no tiene solución. Pero eso no quita que podría pasar lo que le quede de vida tratándose con medicina de verdad, aceptando analgésicos que le aliviarían el dolor e intentar disfrutar y exprimir lo que le quede de vida. Mas no es esa la idea de Nicola. Y no es sólo que Helen tenga que ver como Nicola va a peor por una idea totalmente equivocada, es que Helen se ha convertido en enfermera a tiempo completo, y tendrá que atender a Nicola en sus dolores e incomodidades. Dolores e incomodidades que, repito, podrían ahorrarse Y la tarea resulta titánica para Helen.
Una habitación de invitados

Porque hete aquí uno de los puntos más interesantes de la novela: todo lo que concierne a los cuidados. El título de la novela me parece muy bien escogido por ello: “La habitación de invitados”. Abrir las puertas de tu casa, y ceder una habitación a alguien que quieres, y cuidar a esa persona. Y por eso también resulta fundamental el punto de vista: no relata Nicola, la enferma. Relata Helen, la cuidadora. En la tertulia del club de lectura, alguien comentó que le había parecido cruel que lo viéramos todo desde los ojos de Helen, y que tuviéramos que empatizar con las fatigas de la cuidadora, cuando en realidad, la enferma de cáncer y la que va a morir es Nicola —Y esto no es ningún spoiler: desde el inicio se sabe que está ya en fase terminal—. Tomé la palabra, y repliqué que a mí me pareció todo un acierto. Y que jamás lo había visto en ninguna otra novela. ¿Novelas sobre enfermos de cáncer? Varias, e incluso se ha convertido en un manido tópico —Hola, Albert Espinosa—. ¿Novelas en las que una persona debe de hacer de enfermera por amistad? Sólo ésta. Debo decir que, afortunadamente, al manifestar este punto de vista mío no sólo no vi desaprobación como con el tema de las pseudociencias, sino que les pareció interesante mi punto de vista, incluso algunos asintieron con la cabeza. Pero volvamos a la novela y a los cuidados. En un primer momento, antes de recibir a Nicola, Helen habla con Iris, la sobrina de su amiga enferma, y llega a sentirse un poco ofendida:
Teníamos que permanecer en contacto, eso por supuesto: me dio su dirección de correo electrónico. Iris y su novio Gab podían venir, pero no ese fin de semana, sino el siguiente: el colegio donde ella daba clases no le concedería más días libres. Si me sentía desbordada, se la llevarían a casa, con ellos. ¿Desbordada? Eso me hirió el orgullo. Se suponía que yo era una mujer útil en los momentos de crisis.
Pero no sabía lo que le esperaba. Quizás no lo sabemos hasta que nos toca a nosotros. Y es un trabajo muy desvalorado, tal vez porque ha recaído siempre de forma mayoritaria sobre las espaldas de las mujeres. De hecho, Helen necesitará desahogarse ante la nueva situación de cuidadora en la que se ve, y todos los personajes con los que hablará son femeninos: su amiga Peggy, su hermana Lucy, y la sobrina de Nicola, Iris.

Y a todo este duro trabajo de cuidados, ya he comentado que Nicola no es una enferma cualquiera. Y eso implica más trabajo extra para Helen a la hora de cuidarla. Así como también batallar psicológicamente con ella, para que abandone la clínica pseudocientífica y deje de creer como a una autoridad al “doctor” Theodore. Y todo ello intentando no tensar la relación de amistad. Pero con Nicola es mucha la paciencia que hay que tener. No es cosa de Helen y su cansancio, la novela nos ofrece otras perspectivas, como la de la sobrina de Nicola:
—Me horrorizaba la idea de que pasara tres semanas aquí contigo. No tiene ni idea de lo que le pide a la gente. Ese buen ánimo suyo tan exasperante… Incluso veinticuatro horas pueden bastar para sacarte de quicio. Pero si le planteas las cosas a las claras se pone a la defensiva, así que pensé que si se lo sugería por teléfono y le reservaba un pasaje sin decir nada, tal vez madurara la idea durante la semana y el domingo estuviera dispuesta a volver a casa con nosotros. Pero no quiso ni oír hablar de ello. Siguió en sus trece, diciendo: <<Sé que voy a mejorar, y si no continúo con el tratamiento, moriré.>>
Y también nos basta conocer a Nicola por sus diálogos, el propio lector puede ver cómo se cuelga de la gente y no acepta que le digan lo que no quiere escuchar:
—Escúchame, Nicola. Esto no es una cuestión de collarines. Necesitarás un equipo de personas que te cuide a diario, y noche tras noche: que te cambie las sábanas y las lave, que te compre comida y te cocine. Tu familia y amigos no te permitirán trasladarte a un hotel. Eso no va a ser así. Debes volver a Sidney.
—Mañana por la mañana cogeré el avión. Tú vendrás conmigo, ¿no? No puedo viajar sola. Me pondré de acuerdo con Iris, y pasaré a recoger unas cuantas cosas que necesito. La semana que viene volveré. Tengo docenas de queridas amigas del colegio que viven en Melbourne. Me aceptarán en sus casas de todo corazón.
Me invadió una rabia vertiginosa. Me entraron ganas de estrellar el coche contra un poste, pero para que muriese sólo ella.
La novela se abre con la siguiente cita de la poeta norteamericana Louise Glück —reconozco que no sabía quién era y tuve que googlear—:“¿… o es que así se porta el corazón cuando sufre?”. Y el caso es que, por lo que deja ver Helen, jamás tuvo ningún problema con su amiga Nicola. Ni es una mala persona, todo lo contrario: siempre se hizo querer. Helen y Nicola son dos mujeres con muchas similitudes: ambas son dos mujeres mayores, sexagenarias, modernas, independientes —Nicola sin pareja, y Helen divorciada— y emancipadas económicamente. Y desde que se conocieron quince años atrás, jamás habían tenido ningún problema. Desde el primer momento, supo Helen que Nicola creía en estas cosas exóticas/esotéricas, pero eso jamás le importó lo más mínimo. No les separaba en absoluto, cada una con su vida y con lo que creyera —o no creyera—. Pero una vez enferma de cáncer Nicola, y siendo cuidadora Helen, la relación no puede ser igual que en aquellos tiempos pasados y felices. Las creencias acientíficas de Nicola no las puede ignorar ya Helen, debido a que son el principal problema. El choque será inevitable. El optimismo de Nicola, que a priori puede parecer positivo, acaba siendo contraproducente y de una ceguera absoluta. Porque es un optimismo que niega su realidad. Puro pensamiento mágico. Y como bien reflexiona Helen, “la muerte no debe negarse. Intentarlo es una presunción. Infunde locura en le alma. Absorbe la virtud. Envenena la amistad y convierte el amor en una farsa”. Así pues, Nicola pese a su optimismo, en el fondo, muy en el fondo, tiene ese dolor latente. Y en cuanto a Helen, pese a su buena disposición y generosidad, aguantará y aguantará… hasta no poder más. Y veremos a Helen  lidiando con  el trabajo duro de una enfemera, a Helen lidiando con el carácter de Nicola, a  Helen lidiando con la clínica estafadora. Veremos, en definitiva, a dos personajes que sufren, sometidas a una fuerte presión para mantener la amistad.

Porque aunque aparecen más personajes en la obra —a descatar el Dr.Theodore, el charlatán estafador—, son Nicola y Helen el eje principal de la novela. Y ambos personajes están bien construidos, te los crees psicológicamente. A pesar de lo paciente que es Helen, entiendes que acabe explotando —muchos habríamos explotado antes—, y pese a que Nicola se hace odiosa, comprendes que algo tiene para haber conquistado la amistad de su amiga. Por eso, pese a lo duro de la situación que he ido describiendo, y pese a esa constante tensión que en algunos momentos explota, aún quedará también espacio para momentos alegres, y hasta humorísticos. Un humor leve que rebaja la dureza de la situación. Porque Garner no se recrea ni se regodea, ni añade más dramatismo del que la historia tiene. Sólo hay dos discusiones tensas: las que Helen tiene con Nicola y con el Dr.Thedore. Pero son discusiones a las que se llega por el propio peso de las circunstancias. Y Garner tampoco cae en el sentimentalismo facilón. La novela es emotiva, y los sentimientos hacen acto de presencia—cariño, amor, tristeza, dolor, ira…—, pero no se desbocan. Y ni siquiera la presencia de la muerte hace que la obra caiga en el tenebrismo.

La habitación de invitados es una novela sencilla y lineal. Una sencillez que, mientras leía, no terminaba de apreciarla, ya que me pareció que tenía un punto extraño: su estructura interna. Respecto a la externa nada a destacar, los capítulos son pausas no titulados ni enumerados. Simplemente, una página termina en punto y final, y con la siguiente hoja en blanco. Y se sabe así que hay un cambio de capítulo.
Helen Garner

Y dentro de cada capítulo, se marcan pequeños espacios entre fragmentos. Volviendo a la estructura interna, me chocó lo siguiente: en cuanto Nicola debe proseguir su tratamiento en otro lugar, y deja de ser la invitada en casa de Helen, la historia se acelera, y acaba rápidamente la novela. Helen nos pone al corriente de lo que acontece una vez marcha Nicola, pero es como un resumen final. Todo el foco de la historia ha estado en la convivencia —y por ello, abundan los diálogos en la novela, los cuáles están bien construidos—. Y como he comentado anteriormente, hay un detalle de vital importancia: la novela está basada en una experiencia real que vivió la autora. Estamos ante una autoficción, y Helen Garner nos cuenta de primera mano cómo tuvo que cuidar de su amiga. Quizás por ello, por su toque autobiográfico, la convivencia entre Helen y Nicola, sea el meollo de la novela, y lo que pase después queda como una explicación rápida. Tuve la sensación —reconozco que subjetiva— de que La habitación de invitados no pretendía ser una obra ambiciosa. Cosa que tampoco significa que sea una obra descuidada o excesivamente simple. Sino que parece discreta, con un aire deliberamente poco pretencioso. Como si la autora hubiera querido retratar un momento de su vida, una particular vivencia. Pero ahí está su logro, y es más de lo que parece.

Por eso considero que ha sido una lectura que ha valido la pena. Por tratar las relaciones de amistad y lo complicadas que pueden llegar a ser —pese a que haya sincero cariño—, y por poner de relieve un tema, el de las pseudociencias, que a Helen Garner le llegó de sopetón a través del cuidado de su amiga. Y en cuanto a mí, pues bueno, no me volvieron a ver por el club. Que no es mi ánimo de ofender a nadie, pero no puedo comulgar con ruedas de molino. Y menos cuando se trata de niños.

Valoración: Notable

Te gustará si te gustan: las historias intimistas, de relaciones personales, que cuestionen las pseudociencias.

10 comentarios:

  1. PUes no conocía este libro. Y este tipo de historias suele gustarme, así que tomo buena nota. Una reseña de 10!
    Besotes!!!

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    1. Muchísimas gracias por ese 10, Margari :) Me anima a seguir haciendo entradas.
      En general, a Helen Garner se le conoce poco en España, me parece.
      ¡Un abrazo!

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  2. Excelente análisis, la pongo en mi lista de pendientes. Resulta curioso que en una tertulia con lectores (¿universitarios?) y en una biblioteca, lugar de saber, quedaras en minoría como representante del sentido común. La homeopatía está prohibida en muchos países, en España ya ha habido juicios condenatorios. Yo entiendo que personas desahuciadas se aferren a lo que sea, pero gente sana...Los antivacunas son otros, aunque ahora con la crisis del coronavirus se les oye menos.
    Me han gustado los fragmentos que has elegido, "la ira es la emoción más agotadora". Sin duda.
    El enfoque de la cuidadora también me parece no solo original, sino justo y es dar voz a un colectivo con el que nadie empatiza y debe ser muy duro. Mi madre cuida a personas dependientes y el desgaste psicológico es brutal.
    El tema de la amistad me parece el más interesante. Hay hechos definitivos que separan a los mejores amigos y los sentimientos de la narradora los entiendo y llego a identificarme con ellos.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias por un comentario tan suculento :) Estos días por el coronavirus también he pensado mucho en las cuidadoras (yo y mucha más gente, por suerte). Esta entrada debí publicarla ya hace meses, pero por pura casualidad ha caído justo en este momento con el coronavirus. Y me hace ver que es aún más acertado leer desde el punto de vista de quién cuida a un enfermo.
      El tema de la amistad yo creo que es el tema más primario (aunque lo de las pseudociencias también es muy relevante, ya digo que la novela no cae en un panfleto).
      Respecto a la tertulia, no era de universitarios. Pero vaya, una de las que más defendía la homeopatía parecía una mujer, en general, instruida... e igualmente: mucha gente universitaria cree en estas cosas. He conocido.
      ¡Un abrazo!

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  3. Supongo que la pretensión de la autora no era escribir una obra ambiciosa pero sí en cambio contar esa experiencia personal de la forma más honesta. La honestidad es algo que valoro mucho en la literatura (bueno, a decir verdad, en la vida en general).
    Es indignante cómo se juega con enfermos, y además con enfermos de tanta gravedad, con esos tratamientos no solo estériles sino en muchos casos dañinos, y negándoles por tanto tratamientos médicos o en el peor de los casos un último tramo de vida lo más digno posible. Terapias alternativas y pseudociencia aparte, lo que más me atrae de esta novela es la relación entre las dos amigas y el punto de vista de la amiga cuidadora. Interesante también tu experiencia en ese club de lectura. Toma buena nota de este título.
    Un abrazo

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    1. Si lo lees, espero que te guste :) Ya digo que mientras lo leía, notaba como que faltaba un algo... pero al terminarlo, comprendí que era la experiencia plasmada de un momento, y estaba bien contada.
      Sobre las terapias alternativas, sus defensores alegan la libertad de elección. Yo me opongo a la libertad de estafar. Y el tema de la relación de amistad está en un primer plano.
      Gracias por un comentario tan completo :)
      ¡Un abrazo!

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  4. No conocía el libro ni a la autora y me han parecido muy apetecibles. Me lo apunto. Me ha encantado tu blog, me quedo de seguidora y te invito a que te pases por el mío si te apetece (es Relatos y Más, es que aparecen dos en el perfil).
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias por tus palabras, y espero que te encuentres bien por aquí :)
      Ahora me paso por tu blog.
      Un abrazo.

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  5. Pues mira, a la lista de pendientes. Creo que tiene potencial para convertirse en mi próxima lectura. Necesito alejarme un poco de amoríos y demás, me parece. Y si es sencilla y no me voy a pelear con ella, puntos ganados.

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    1. Ojalá lo puedas leer y te guste :)
      Sí, esta novela es algo distinta. Su temática y su argumento no es lo más común, y eso es un punto a favor.
      ¡Un abrazo!

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