lunes, 29 de julio de 2019

Diarios


Nunca he sido de escribir un diario. Aunque desde niño siempre me llamó la atención cuando lo veía en series o películas, o en novelas con formato de diario. Automáticamente quien escribía en un diario me producía una extraña admiración, y no hacía falta que se contasen cosas grandilocuentes, ni de grandes vidas. La simple capacidad de narrar el día a día, de sacar sentimientos y vivencias de la cabeza,  y darles cierto orden narrativo, ya me parecía maravillosa. Además, ¿cosas grandilocuentes? ¿grandes vidas? Frecuentemente lo maravilloso está en lo pequeño, y en lo cotidiano que, de tan cotidiano, se nos hace invisible.

Siempre me resultó llamativo, pero como digo jamás me dio por escribir ninguno. Y eso que alguna vez, alguien pensó que yo le cuadraba en esa imagen de <<persona que escribe un diario>>. “Tú eres de los que escriben diarios, ¿no?”, me dijo. Pues no, le respondí con sinceridad.  Pero no iba tan desencaminada. ¿Por qué nunca me dio por escribir un diario si me parecía algo atrayente? No tengo una respuesta clara. Supongo que por una mezcla de pereza —¿voy a escribir un diario en este rato, teniendo otras cosas urgentes por hacer?—y sentirme estúpido. No, por supuesto que escribir un diario no es estúpido. Pero yo sí me sentía algo estúpido si me imaginaba escribiendo sobre mi día a día. Falta de autoestima, tal vez. Y además imaginaba que sería, conociéndome, una tarea autoimpuesta, y que probablemente abandonaría el hábito.

Y sin embargo, llevo unos meses escribiendo un diario personal. Concretamente desde el pasado abril. ¿Qué me ha hecho ponerme definitivamente a ello pese a las objeciones que acabo de hacer? Fue algo más inmediato, una necesidad de escribir casi sin pensarlo. Estaba frente a la pantalla del ordenador, abrí un documento de word, puse la fecha, y empecé a explayarme —no es tan romántico como un diario escrito a mano, lo sé—. Sin ningún tipo de preocupación estilística o de contenido. Y así seguí unos días más, cada vez que volvía a encender el pc. En mis primeros escritos contaba cosas breves, me limitaba a contar qué tal mi día. Pero a medida que ha ido pasando el tiempo, voy entrando en otros terrenos, más íntimos y confesionales. Y lo siento como una necesidad. Y por eso escribo. Por supuesto que tengo buenas amistades con las que hablar, y por supuesto que me escuchan atentamente. Pero hay cosas que las necesito reflexionar uno mismo. O al menos, expurgarlas en un escrito, que tampoco me gusta abusar de la atención de los demás.

Y ustedes, queridos lectores, si es que alguien me lee en el mundo de la blogosfera, ¿escriben o han escrito diarios? ¿Cómo fue que os iniciasteis?

miércoles, 3 de abril de 2019

Debo ser muy buena presa, cuando tengo tantas escopetas apuntándome, de Eduardo Izquierdo. O un cantaor que se come la ficción.



FICHA
Título: Debo ser muy buena presa, cuando tengo tantas escopetas apuntándome
Autor: Eduardo Izquierdo
Editorial: Ediciones Lupercalia
Lengua: española
Ilustración de la portada: Jordi del Río Macías
Nº de páginas: 82

Opinión personal
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No me digan que no hay algo llamativo en su figura. Incluso imponente. Parece un personaje de ficción, un actor sacado de un western. Pero no, es una persona real. Se trata de un cantante. Bueno ,¿qué digo cantante? Como bien corrige un personaje de la novela: un cantaor, José Domínguez “El Cabrero”. Y Eduardo Izquierdo ha escrito con muy buen tino esta breve novela ficcionalizando al Cabrero, cuya figura bien se presta a ello. El título de la novela ya suena muy potente —un título así ya es todo un acierto—. Y aprovechando que el Cabrero está en su última gira de despedida, que mejor que abrir La Posada del Lector para que les cuente sobre esta lectura.

¿Les gusta el flamenco? No importa si la respuesta es no, la novela merece la pena igual. Un servidor tampoco es un entendido del género, aunque hay cosillas que le gustan y mucho. Al propio Eduardo Izquierdo también le he leído en alguna entrevista no ser un entendido, ni que fuera fácil ser un flamencólogo. Aunque, todo sea dicho, Izquierdo se maneja bien. Pero como les digo, no hace falta ser un entendido en flamenco para disfrutar la novela. Su protagonista supera las barreras de un género musical. Por eso, no es disparatado que Izquierdo trace paralelismos con otros artistas como Johny Cash, o haga referencias a Bob Dylan o Joe Strummer. Sí, estilos musicales distintos. Pero puntos en común en cuanto a actitud. El lector ya los descubrirá. Y, para favorecer estos vasos comunicantes, qué mejor que un periodista musical a modo de personaje —éste sí, completamente ficticio— que lleve parte del peso narrativo. En el primer capítulo nos encontramos en la redacción de la revista Rolling Stone de Estados Unidos, allí conocemos a Jackson Chandler, el periodista con raíces españolas que descubre al Cabrero, y decide pelear para que sus jefes le den el visto bueno a viajar a España y entrevistar al cantaor. A partir de este planteamiento, se alternarán los capítulos que ficcionalizan momentos destacados de la vida y trayectoria del Cabrero con los de Jackson Chandler en pos de su ansiada entrevista. Además, en algunos otros capítulos tendrán protagonismo otros personajes, relacionados directa o indirectamente con el cantaor.

Y serán en total veinte capítulos breves, numerados y sin título, pero cada uno con una fecha y un lugar. Los capítulos de Jackson Chandler se producirán en la línea temporal del presente—año 2012, la novela se publicó en el 2013—, y los del Cabrero darán saltos temporales de manera no lineal. Pese a toda esta fragmentación que presenta la novela, no resulta en absoluto una lectura liosa, sabe atraparte y meterte dentro de la historia. Debo ser muy buena presa cuando tengo tantas escopetas apuntándome es una novela ágil y amena, y favorece a ello la abundancia de diálogo, tanto en forma directa como indirecta libre en otras ocasiones, es decir: insertado en la narración. A parte de los veinte capítulos, hay que contar con dos breves “prólogos” —por llamarlos de algún modo—, que llevan por título “Salía” y “Segunda salía” respectivamente. El primero es una conversación del autor con su pareja, sobre la impresión sobre esta novela que ya ha terminado, y el segundo es una anécdota que le cuenta Kiko Veneno. Por cierto, que yo he leído la primera edición, pero por lo que veo, en la segunda edición hay además un prólogo de Carlos Zanón. Y la obra la cierra unas “Breves notas del autor”, en las que Eduardo Izquierdo explica, o mejor dicho aclara, la ficcionalidad de esta novela. Y nos dirá que
Esta no es una historia real, o sí. O casi. En cualquier caso no está montada a partir de datos autobiográficos fieles, sino que está construida a través de los cuentos y las fábulas que mi abuelo, José Marcos, me explicaba sobre aquel cantaor al que él tanto admiraba y a lo que provocaban en mi imaginación.
No negaré el haber utilizado alguna referencia externa, especialmente extraídas de la página web del propio Cabrero y su biografía oficial, pero he preferido mantenerme más fiel a las historias de mi abuelo y su forma de contarlas que a lo que pasó realmente. Por eso esto que acabas de leer no es una biografía, ni mucho menos, sino una novela casi tan real como la vida misma


Eduardo Izquierdo

No es casual, sabiendo esto, que una de las tres citas que abren la obra sea ésta de Mark Twain: “conoce primero los hechos y luego distorsiónalos como quieras”. Hay otras dos citas más, de dos músicos. Una de Kris Kristofferson y otra de Jimmy Hendrix. La primera dice “La libertad es otra manera de decir que no tienes nada que perder”, y la de Hendrix “seré yo quien se muere cuando me llegue la hora, así que dejarme vivir como quiera”. Está claro que ambas citas hacen referencia a la figura central de la novela. Porque la impresión que causa la figura del Cabrero no es sólo estética. También lo es su forma de ser. Libertad, convicción, rebeldía y fidelidad a uno mismo es algo que transmite el personaje. Eso hace que se niegue a cantar en una peña si cree que el trato no ha sido el adecuado o que se niegue a cambiar su indumentaria por mucho que el protocolo lo exija. Siempre pegado a un modo de vida que él siente más cercano y natural, y al que no renuncia bajo ningún concepto. Así, El Cabrero vive según sus principios inquebrantables. Aunque, puesto que hasta las virtudes considero que tienen su contrapartida negativa, podríamos decir que también adolece de cierta terquedad. Una terquedad contra la que, a veces, conocidos y amigos del cantaor tienen que luchar, es el caso para que acceda a grabar discos:

Pepe Carrasco miró por la ventana. Sabía qué era lo que debía hacer José, pero también sabía que no lo iba a convencer. Nunca lo había conseguido y esa vez no tenía pinta de ser una excepción.
—Pero Cabrero, tendrás que seguir cantando…
—Yo ya le canto a las cabras.
—Pero la gente te ha de oír todavía José, que aún hay mucho que decir. Mira Morente, mira el Camarón.
—Que no me va don Pepe. Que a mí eso de Enrique con el grupo ese de rock no me gusta. Que eso no es Flamenco. Eso es otra cosa. Eso no se pué repiquetear encima una mesa. Ni lo del Camarón con Paco. Eso es otra cosa.
—José, todo cambia, se ha de evolucionar.
—Y evoluciono, pero a mi manera. Yo evoluciono con la vía. Yo evoluciono con el monte. Pero el monte siempre está igual. Él no cambia. Están sus árboles y sus arbustos, y sus ríos y sus jilgueros. Y hay que aguachinar y andar a cimbarazos. Yo no sé cantar con los moros como Juan Peña… Que yo respeto mucho a Paco pero para mí el flamenco es Mairena jefe.
—Ay José, ¿y cuándo volverás a grabar?
—Pues nunca jefe, igual no grabo nunca más. Que ya se lo dije a la primera, que a mí eso no me va.
—¿Quieres un trabajo aquí? ¿Conmigo?
—No me haga reír don Pepe. Yo sólo sirvo estar en el campo. más. Y allí me voy. Me iré pasando a verle y ya está. Que yo le tengo mucho aprecio a usted don Pepe.
—Y yo a ti José, y yo a ti.

Menos mal que accedió a grabar

Como se ve en el fragmento copiado, la forma de hablar del Cabrero es peculiar, y en ocasiones alguna palabra la pronuncia mal. Pero, lejos de hacer de él un personaje ridículo o paródico, le confiere esa personalidad única. Además de que, socialmente, El Cabrero se ha criado en el campo y apenas fue a la escuela, teniendo que trabajar desde niño. Lo suyo es un habla popular. Y sobre el tema cultural, hay algo en lo que siempre hay que hacer hincapié: no hace falta ser alfabetizado para tener cultura —basta recordar antiguos tiempos en los que la oralidad era predominante—. No deja de resultar entrañable cómo el protagonista, además de su conocimiento del arte flamenco, se configura un mundo temático y artístico, prestando atención y asimilando lo que le atrae:
Así empezó todo. Con ese <<Cabrerito cántate algo>>. Así es como José pasó de ser el hijo del Cabrero a ser, con el tiempo, simplemente el Cabrero. Y a cobrar por cantar. Porque todos estaban dispuestos a pagar por oír su voz. Fuera una perra gorda, fuera un real. Dinero que José guardaba bajo la almohada y que su padre completaba hasta las 25 pesetas que valía un bocadillo y el autobús de ida y vuelta a Sevilla para conocer la ciudad. Pa que te hagas un hombre. eso has de conocer la ciudad. Y José va, como padre quiere, pero no sale de la estación de autobuses. En la estación de la Barranca, en una máquina de esas que hacen sonar una canción por una perra, pasa las horas muertas. Allí conoce a Gardel, y le cambia la vida. Pero no sólo eso, también oye las músicas de un tal Ennio Morricone. Canciones sin letras, de las películas del oeste que ve su padre en la televisión del economato, de las que empiezan con una trompeta o un silbido, de las que lo dicen todo sin hablar. Y allí conoció también al americano.

¿Entienden, apreciados lectores, cómo el personaje se hace grande con el discurrir de las páginas? Y pese a ser una ficcionalización, biográficamente aparecen en la novela los momentos más relevantes de su trayectoria. A saber: la gira con Peter Gabriel, su estancia en la cárcel por blasfemia, su gira de teatro por Europa con la compañía La Cuadra o el documental de Beatrice Soulé —que lo pueden ver en youtube clickando aquí—. Pero no les contaré más detalles sobre El Cabrero, como tampoco les diré si al final Jackson logra su ansiada entrevista. Mejor léanlo ustedes.

Debo ser muy buena presa, cuando tengo tantas escopetas apuntándome es una novela breve, se puede leer en una tarde. Y creo que era la novela que un tipo como El Cabrero bien merecía en una buena incursión novelística por parte del periodista musical Eduardo Izquierdo. Antes de esta novela, El Cabrero ya era un cantaor famoso y admirado dentro del flamenco. Yo lo conocía ya desde pequeño, porque en casa había cassettes de él. En la adolescencia, por el grupo Marea, me reencontré con él por la versión que el grupo navarro hizo de la canción “como el viento de ponente” en su disco Besos de perro del año 2002 —aunque yo los descubrí dos años más tarde—, poniendo la voz el propio Cabrero al inicio de la canción. No he entrado en las letras del cantaor, por cierto, bien seleccionadas por él, ya que opina que no puede cantar cualquier letra. Pero esta entrada que ya acaba se me haría demasiado larga, así que volvamos al Cabrero. No me era el cantaor, en definitiva, una figura desconocida cuando leí esta novela. Y aún así, me resultó una lectura grata. Muy recomendable.

P.D:
Una última cosa. Eduardo Izquierdo, como he comentado, ha sabido trazar paralelismos entre El Cabrero y otra serie de artistas del mundo de la música. Pero hay un paralelismo literario que también me recuerda a la figura del cantaor: el gaucho Martín Fierro, la obra argentina de José Martí. Son épocas diferentes y países diferentes. Cierto. Pero, guardando todas las distancias, siempre recordaré en la carrera, cuando tuve que leer sobre aquel gaucho que vivía en la pampa argentina y que sacaba la guitarra y se ponía a “payar”, cómo me venía a la mente la imagen de nuestro cantaor flamenco, que parece un personaje de ficción, pero no, es real.



Valoración: notable.

Te gustará si te gustan las historias de gente peculiar, grandes artistas, el flamenco, la música en general.

jueves, 28 de febrero de 2019

Cuestionario cruzado


Pues nada, Bettie Pathway y yo hemos hecho un test conjuntamente. A ver si acertamos muchas, y qué imagen tenemos el uno del otro. Me da un poco de cosa, porque pese a conocernos, creo, que bastante bien… pueden salir cosas muy dispares. Ahí va:

¿Qué personaje literario representa a Bettie/Letraherido y por qué?
En mi caso ¿tiene que ir acorde con el sexo de uno? Porque me identifiqué mucho con Ana Ozores (La Regenta). Por querer escapar de cierto ambiente social. No creo que Bettie haya citado a Ana Ozores, porque tiene esta novela eternamente pendiente.
También con Cyrano, pero no con la parte guay (gran espadachín y artista), sino con la peor: la de su inseguridad.

A Bettie, de niña, me la imagino como Matilda, de Roald Dahl. Ahí lo tengo claro. De mayor… aún no lo tengo. Pero diría que su personaje literario aún se tiene que crear. Y será un gran personaje.

2 Asígnale una canción.
No sé qué canción me habrá asignado Bettie. Ni siquiera sé qué canción me asignaría a mí mismo. Me gustan muchas. Me identifico con muchas. Y sinceramente, no sé qué canción me puede representar. Así que dejo esta canción desierta.

Me resulta imposible no asignarle “El hijo de nadie”, de Loquillo. No sé por qué fue, en uno de sus post del blog, le puse esa canción, sin pensar ni remotamente que le fuera a gustar tanto. Y el caso es que le encantó. Es muy ella esa canción. Luchó desde lo más bajo, “sin padrinos dando sus respaldo”.
Así que, en primer lugar, sin duda “El hijo de nadie”.

Pero tengo otra canción que le asigno: Del tiempo perdido, de Robe. Cuando ella está pasando un mal momento, deseo que haga caso de esa canción.

3 Quedas con Bettie/Letraherido. ¿Dónde irías?
Yo soy muy básico: a una cafetería. Me gusta hablar tranquilamente con la gente, y para eso una cafetería es perfecta. O mejor aún: una librería/cafetería.

¿Y Bettie? Creo que también le gustaría una cafetería/librería.
Aunque si debo quedar yo concretamente con Bettie, únicamente una cafetería/librería se me queda corta. Me gustaría ir con ella a museos o exposiciones, al cine o al teatro.

4 ¿Qué cambiaría Bettie/Letraherido de sí misma/o?
Siempre que doy un paso, intento que sea seguro, o tener una mínima red detrás. Me cuesta mucho liarme la manta a la cabeza y saltar al vacío. Y creo que a veces me convendría. Tener más seguridad en mí mismo y soltarme un poco más, arriesgar un poco más. Creo que Bettie también piensa esto de mí.

Bettie cambiaría… vivir más el aquí y el ahora, quitarse presiones y metas. Creo que Bettie gran parte de su vida ha corrido detrás de una meta, y una vez conseguida… como que le falta otra. Y creo que querría cambiar eso. Y otra cosa más: le cuesta aceptar cumplidos y halagos de los demás. Ojalá lo cambiara, y si no quiere cambiarlo debería.

5 ¿Cuál es el principal defecto de Bettie/Letraherido?
Tengo muchos. Pero quizás… mi principal defecto es que me como mucho la cabeza. En plan mal. Y me preocupo por cosas que no han pasado y probablemente no vayan a pasar. Eso hace que, también, ponga la venda antes que la herida.

El principal defecto de Bettie… supongo que está relacionado con lo que he comentado en el apartado anterior, creo que se autoexige y se autocastiga demasiado.

6 ¿Cuál es la principal virtud de Bettie/Letraherido?
Mi principal virtud creo que es, aunque tal vez no siempre lo parezca, aferrarme a las pequeñas cosas y sacarles mucho provecho. Las exprimo y las disfruto. Incluso en los peores momentos.

De Bettie, su principal virtud es la constancia.

7 ¿Cuál es la película favorita de Bettie/Letraherido?
Imposible decir una favorita, tengo varias y siempre me olvido alguna… pero diré Cyrano de Bergerac, la de 1990 de Gerard Depardieu, no puede faltar en la lista. Más que nada porque creo que Bettie es probable que diga ésa.

¿La película favorita de Bettie? Pues seguro que alguna vez me lo ha comentado… o lo desveló en algún tag de su blog, pero no sé cuál es su favorita. Diré una que le gusta (o creo recordar que le gusta): La Bella y la Bestia. Aunque tanto como su favorita no sé.

8 ¿Cuál es la película más odiada por Bettie/Letraherido?
Muy rara vez soy hater de algo. Porque si algo no me gusta, simplemente lo ignoro y ya está. Tengo dos películas odiadas. Una Bettie la sabe (porque se lo he dicho): Birdman, a medida que pasaban los minutos, se me hacía más pedante. Sé que mucha gente adora esta película, pero yo no conecté nada con ella. Y no sólo eso: me causa rechazo.
La otra es En busca de la felicidad, y creo que ésta Bettie no la sabe. Con la excusa de dar un mensaje bonito de superación se justifica el capitalismo más salvaje. Me daría para una entrada aparte en el supuesto de que escribiera entradas sobre películas.

La película más odiada de Bettie... Sé que Birdman tampoco le gustó nada de nada. Así que digo Birdman.

9 ¿Qué es lo que más valora Bettie/Letraherido en una persona?
Yo lo que más valoro… cuesta decir sólo una. Diría que la bondad. Pero he visto gente buena hacer mucho daño, por estupidez, dogmatismo o egoísmo. Así que mejor diría la honestidad. Honestidad con los demás y uno mismo. Y no es fácil ser honesto. De hecho, la gente que se llena la boca con honestidad suele ser la más deshonesta.

Lo que más valora Bettie en una persona… diría que valora mucho que sea considerada con los demás.

10 ¿Con qué defecto humano Bettie/Letraherido se muestra más indulgente?
Yo con la ignorancia. Todos somos ignorantes en infinidad de cosas, y no es un deshonor no saber. Ni siquiera sé si es correcto tacharlo como defecto. Prefiero a un ingnorante pero humilde y buen tipo que a un cabrón ilustrado. Eso sí, remarco que hablo de alguien ignorante y que no alardea de sabiondo.

En cuanto a Bettie… ni idea. No creo que diga también la ignorancia, pero tampoco la he visto jamás reírse de alguien por no saber. ¿Tal vez sea indulgente con la pereza? Sí, creo que es indulgente con la pereza.

11 ¿Con qué defecto humano Bettie/Letraherido se muestra más inclemente?
Yo con la soberbia y la falta de respeto. No puedo con ellos, y más desde que gente así se cargan ideales en los que creo.

Bettie creo que no soporta a la gente engreída y que además siempre anda reprochando a los demás mientras ellos se colocan en un pedestal.

12 ¿De qué se disfrazaría Bettie/Letraherido?
Yo soy muy soso. No me gusta disfrazarme XD

¿Bettie? Pues no sé si querría disfrazarse de esto, pero de chica rockabilly de los años 50 le sentaría muy bien.

13 Si no fuera él/ella, a Bettie/Letraherido le gustaría ser…
Me gustaría ser… un tipo como Miguel Delibes. Lo admiro mucho. Y no sólo como escritor.

Bettie… creo que le gustaría ser como Pippi Långstrump

14 ¿A dónde le gustaría viajar a Bettie/Letraherido?
A cualquier lugar que tenga buena comida y buena oferta cultural. Museos y monumentos históricos. Y a poder ser, que haya tranquilidad. Por suerte, en España hay muchos lugares así. Por citar ciudades en las que no he estado y me gustaría estar: Toledo, Cuenca, Granada, Oviedo o Salamanca.

Y en cuanto a Bettie, creo que su respuesta será similar a la mía. No sé si a ella le gustará, pero por alguna razón me la imagino en el museo del Louvre de París (quizás ni le llame especialmente, pero me la imagino allí). O quizás quisiera viajar de nuevo a Irlanda, si se puede repetir lugar.

15 ¿Qué le regalarías a Bettie/Letraherido?
Yo a Bettie le regalaría… uy, no lo puedo decir. O le chafaré el próximo regalo cuando la vuelva a ver.

Creo que ella me regalaría... un libro sonará muy tópico. Pero quizás me podría regalar algo más manual. Una carta, por ejemplo. Sería un buen regalo.

16 Un momento que hayas compartido con Bettie/Letraherido.
En mi visita a Córdoba, compartí muchos buenos momentos con Bettie. Pero siempre recordaré haber visto junto a ella un documental de Luis García Montero.

¿Y ella? Tal vez ese momento también.

17 ¿Qué superpoder elegiría Bettie/Letraherido?
Yo la teletransportación. Sería muy cómodo, y cuántas cosas podría visitar.

Creo que Bettie eligiría, a veces, el poder de ser invisible. Pero espero equivocarme y que haya elegido un poder más molón.

18 ¿En qué pecado capital cae Bettie/Letraherido?
Sin duda, para mí la Gula
Para Bettie… creo que la gula también, que le gustan mucho las chuches y los dulces. Como a mí.

19 ¿Qué tipo de comida o plato sería Bettie/Letraherido?
Yo sería un plato de patatas fritas con huevo.

Bettie un bizcocho, tierno, dulce y esponjoso.

20 Si a Bettie/Letraherido le tocara un millón de euros, ¿qué haría con ese dinero?
Vivir comodamente mientras me dedico a seguir estudiando. Por placer.

Bettie creo que haría lo mismo.

21 ¿De qué se siente más orgulloso/a de su vida Bettie/Letraherido?
Si de algo me siento orgulloso es de lo que una vez me dijo una amiga y no lo había pensado hasta ese momento. Me dijo que admiraba que mantuviese mis ideas y mi forma de pensar independientemente de los demás, sin importarme encajar o no. Caer bien o no.

Creo que Bettie se siente orgullosa de su tenacidad, de haber remado a contracorriente, de la enorme valentía de haber sabido cambiar de rumbo en un momento dado. Y si no se siente orgullosa de estas cosas, debería.

22 ¿Qué cree Bettie/Letraherido que más valoran positivamente los demás de ella/él?
Creo —y lo creo porque me lo han dicho y pasan los años y ahí siguen, a mi lado—, que sé escuchar y me preocupo por mis amistades. Y también me han dicho que confían en mí “porque no juzgo” —aunque yo considero que lo que me cuentan no son cosas éticamente malas para juzgar—.

De Bettie pues no sé los demás. Pero sí sé lo que valoro yo: es muy buena persona. Por eso tengo suerte de que sea mi amiga.

23 Una manía confesable de Bettie/Letraherido
Bueno, aquí creo que tenemos algo en común (aunque no sé exactamente si es una manía): empezamos a comernos el trozo de pizza por los bordes. Porque lo mejor lo dejamos para el final. Venga, ya he respondido por ambos.

24 ¿Cuál sería el lema de Bettie/Letraherido?
Empiezo por el de Bettie, la relaciono con esta frase latina: <<Ad astra per aspera>>. A las estrellas por el camino duro.

El mío… creo que la frase “Siempre queda algo por descubrir” me gusta mucho.

25 ¿Qué le gustaría aprender a Bettie/Letraherido?
Me hubiera gustado aprender a tocar algún instrumento Pero hablo en pasado. Ahora me da igual ya. Y en el presente, me gustaría saber más de historia y filosofía. Así que poco a poco he empezado a leer cositas.

¿A Bettie? Diría que cualquier cosa cultural le gusta aprender. O mejor: cosas artísticas.

Y bueno, eso es todo. Ahora, a ver la comparativa XD


lunes, 7 de enero de 2019

Feliz año 2019 y una reflexión sobre los blogs

Bueno, inauguramos otro año más. No me marcho de aquí, aunque a veces lo pueda parecer con tan poca actividad. Parece que los blogs están de capa caída. Y de eso quería hablarles brevemente.

Lansy, en su blog, ya hizo una entrada reflexionando sobre esto. Muy resumidamente, como ya comenté en el blog de Lansy, creo que otras redes sociales como Twitter e Instagram han influido mucho. Estas dos redes sociales citadas capturan mucho tiempo. Además, son dos redes sociales más inmediatas —al menos, Twitter, que lo sé de primera mano—, crean un feedback más rápido. Son el aquí y el ahora. Me fijo, en cambio, en la mayoría de blogs y veo que el número de comentarios ha bajado si lo comparo con apenas cuatro años atrás. Yo mismo no me paso tanto a leer blogs y comentar como antes, pero...

Pero aquí viene otra posible causa. Los smartphones. O al menos, a mí personalmente, tener un smartphone me influye. Leo mejor los blogs desde el PC que desde el móvil. Y sobre todo, comento mejor una entrada desde el pc que desde el móvil. Y ya no dispongo tanto tiempo para estar sentado frente al pc con el teclado, en cambio puedo sacar en cualquier rato el smartphone del bolsillo. Y además, otra razón es que, desde que tengo acceso regular a internet, veo que la imagen y el vídeo predominan sobre el texto. Han proliferado los youtubers, y eso incluye, en concreto, a booktubers. Todo esto en detrimento de los bloggers. Y yo echo en falta la letra escrita. Hay hilos de Twitter que están muy bien… pero no sé, acaban quedando como sepultados entre montañas de tuits e hilos. Irónicamente, veo que gente que antes tenía un blog de divulgación ya no usa tanto el blog, y sí hacen largos —y buenos— hilos… y gente les comenta que se podrían abrir un blog. ¿Absurdo? A priori sí, pero le entiendo: Twitter genera mucho más feedback. Interactuarás más en Twitter que en blogger. Te leerán más en Twitter que en blogger. Sé que sueno un poco como el típico yayo de “lo de antes era mejor”, pero no puedo evitarlo.

Hace unos años, leí un artículo en internet que hablaba sobre un nuevo concepto bloggero: el slow blogger o algo así era. Consistía en no actualizar de forma muy continua, pero hacer buenas entradas. Es lo que me propuse —aunque no sé si lo consigo—. La verdad es que las entradas no las escribo en un día, tardo mucho, les doy vueltas. Escribo, corrijo, borro. Es un poco desesperante para mí mismo cuando pienso en lo que tardo en publicar, pero a la vez también disfruto escribiéndolas. Me relaja ir pensando y matizando mis opiniones y sensaciones de una lectura. Dicho esto, quizás debería abrir más el blog a otro tipo de entradas. Y tener un blog tangenial y heterogéneo como el de Bettie Jander. No quiero perder la idea central de que, lo que mueve a mi blog, son las entradas literarias. Pero supongo que debería abrirme a hacer otro tipo de entradas, más rápidas y de otros temas. Esta entrada, por ejemplo, la ha escrito del tirón en un momento en el que me he sentado. También se me ha ocurrido hacer una entrada conjunta con Bettie, ya la verán. El caso, es que aquí seguiré, y como decía Lansy en su blog, “no puedo permitir que esto muera”. A mí, al igual que a ella, el blog me ha servido para mejorar en ciertas cosas y también para conocer gente.

En fin, eso es todo. Feliz año 2019. Espero seguir viéndonos por aquí.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Això és una altra història, de Susan E.Hinton. O entre el deber y la fraternidad



Ficha
Título: Això és una altra historia
Título original: That was then, this is now
Autora: Susan E.Hinton
Editorial: Alfaguara
Lengua: catalán
Lengua original: inglés
Traducción: Elisabet Cabeza
Nº de páginas: 132

Sinopsis (copiada de la contraportada y traducida al castellano por mí)
Bryon y Mark han vivido desde pequeños como si fueran hermanos. Han compartido la pandilla, las peleas en la calle y un montón de experiencias de todo tipo.
Ahora ya tienen dieciséis años y su mundo gira alrededor del juego, la violencia y las drogas, pero también del amor y la amistad. Sienten que algo está cambiando, que nada vuelve a ser como antes: a partir de ahora cada uno tendrá que elegir su propio camino, y muy diferentes al parecer.

Opinión personal
Sí, Susan E.Hinton es una autora por la que siento predilección. Ya reseñé elogiosamente Rebeldes y La ley de la calle, y como no hay dos sin tres, me apetecía volver a escribir acerca de otra novela suya: Això és una altra historia. Así se titula en catalán, que fue el idioma en el que la leí, pero la pueden encontrar en castellano y también publicada en Alfaguara bajo el título de Esto ya es otra historia. En caso de que alguien la haya leído en el idioma de Cervantes, no se sorprendan si mis citas no son exactamente iguales, ya que las he traducido de la edición catalana yo mismo. Tampoco haré ningún spoiler que se considere relevante, pero si son unas personas extremadamente recelosa —muy muy recelosa— de los spoilers no les garantizo nada. Así que abro La posada del lector y pasen si lo consideran oportuno.

Como les conté en su entrada pertinente, Susan E.Hinton debutó con Rebeldes, siendo adolescente, en 1967. La ley de la calle, su tercera novela, la publicó en 1975. Y entre medias de ambas, en 1971, publicó la novela que nos ocupa hoy: Això és una altra historia. No será baladí el hecho de que esta novela esté entre medias de las otras dos citadas, aunque volveré a eso más adelante. Y también debido a las otras dos obras citadas conviene detenerse en el título, ya que tampoco está traducido literalmente. Rebeldes originalmente se titula The outsiders; La ley de la calle es Rumble Fish; y Esto es otra historia se titula originalmente That was Then, this is nowAquello era entonces, esto es ahora—. ¿Qué le pasó a Alfaguara con los títulos de las novelas de Hinton? No tengo la respuesta, porque además los títulos originales no son intraducibles ni suenan mal. Y más en el caso de esta novela, en la cual la frase de “Aquello era entonces, esto es ahora” sale citada hasta en dos ocasiones.

Pero vayamos ya con la novela en cuestión. El personaje protagonista y narrador es Bryon —sí, han leído bien, Bryon, y no Byron, la semejanza hasta se comenta en la obra—, un adolescente de 16 años cuya vida discurre en compañía de su hermano adoptado Mark.  Bryon y Mark se llevan mejor que muchos hermanos de sangre, son hermanos en el sentido más fraternal. Una compañía que data desde la infancia, desde antes de que la madre de Bryon adoptase a Mark. La madre  es una mujer muy piadosa, ya que como comenta Bryon “hubiera querido tener cien hijos, pero sólo pudo tener uno, de aquí viene que hasta que no pudo tener a Mark se tuvo que contentar con alimentar todos los gatos de la calle”. Pero como ya sucedió en las otras dos novelas de Hinton que reseñé, el personaje adulto de la madre queda en un segundo plano. Gran parte de la novela se la pasa ingresada en el hospital, y cuando está en casa tampoco es que se ponga mucho el foco en ella. Ni siquiera se le cita el nombre, siendo “la madre”, a secas. Serán los personajes adolescentes en general —no sólo Mark y Bryon— quienes tendrán más protagonismo en la novela.

Llegados a este punto, ya se puede desvelar la temática: Això és una altra historia nos habla de maduración, de crecimiento personal, de encaminarse en esta cosa tan complicada llamada vida. Pero nuestras acciones no sólo nos repercuten a nosotros, también a los demás. Y en ese crecimiento personal están Bryon y Mark. Pero no parece que vayan creciendo en la misma dirección. A medida que van pasando los capítulos y los acontecimientos, Mark irá fluyendo bien en ellos, adaptándose sin problemas a las dificultades. Pero Bryon no y empezará a verse afectado y a pararse a pensar si debe considerarse normal lo que está sucediendo. Estamos ante la historia de un distanciamiento entre dos hermanos.

Mark y Bryon no son iguales, aunque en un primer momento la distinción no es que sea muy acusada (1), y ambos personajes son totalmente compatibles e hijos de un mismo ambiente. Un ambiente que Hinton sabe recrear muy bien: el de los bajos fondos, billares, bandas callejeras y jóvenes adolescentes que caen en la delincuencia. En definitiva, el ambiente que había en Rebeldes. Literalmente. Ya que se comparte el mismo marco territorial-ficticio de  su primera novela, e incluso habrá cameos. Sí, volveremos a ver a Ponyboy Curtis —aunque su aparición sabe a poco—, y también a los hermanos Shepard: Tim y Curly. La ciudad no se nombra, pero probablemente sea Tucsa —la ciudad en la que nació y creció Susan E.Hinton—. Por lo tanto, si recuerdan Rebeldes, no es de extrañar que la violencia se respire en las páginas de la novela. Y no sólo porque la haya explícitamente, también está latente. Se cita la presencia policial en alguna ocasión, y se percibe la crudeza de las calles. Drogas y alcohol también harán su presencia, y todo esto con unos personajes que  tienen entre trece y dieciséis años. Sin embargo, pese a la dureza que se muestra en la novela, la pluma de S.E.Hinton se recata en algo: el lenguaje. No hay insultos explícitos, y en ocasiones se dice que tal personaje dijo un taco, pero sin especificar cuál. Así, se leen cosas como “Mark dejó escapar un comentario de lo más desagradable, pero yo no podía ni enfadarme”. O  “Curly dijo algunas cosas más que ahora no repetiré”. Ahí la autora echa freno, como también lo echa con el sexo. Sí, los personajes tienen relaciones sexuales, pero se nombran de pasada, sin que haya ninguna escena descrita.
Después de Rebeldes, Susan E.Hinton publicaba Esto es otra historia

Ya ven, el ambiente geográfico y social de Esto es otra historia es el mismo que Rebeldes. Pero ha pasado un tiempo desde la historia que nos contó Ponyboy. ¿Meses? ¿Un año? ¿Dos? No se especifica. Pero hay una pequeña diferencia social desde entonces. Aquella rivalidad de socs y greasers ha quedado algo atrás, con la irrupción de una nueva tribu urbana: los hippies.
De todas las novelas que he leído de Hinton, ésta es la única en la que el contexto político tiene algo de relevancia. Algo. Sin ir más allá de que un personaje, Charlie, recibe una orden de reclutamiento; y sin ir más allá de la presencia de los hippies. Si han leído Rebeldes quizás recuerden a aquel soc llamado Randy. Bueno, pues también hará un breve cameo y nos lo encontraremos convertido en un hippie, quizás arrepentido de su pasado como soc. En esta novela conduce la típica furgoneta Volkwagen y lleva en ella a los dos hermanos al hospital a visitar a la madre. Porque hay un detalle que la autora no deja pasar desapercibido: los hippies suelen ser en su mayoría chicos de clase alta, tal es el caso de Randy. Este fragmento me parece revelador —y sigue siendo tan vigente en nuestros tiempos presentes—:
Iba a un instituto grande. Cada año se graduaban unas setecientas personas de la clase de los grandes que era la más pequeña, o sea que os podéis imaginar cómo era de grande. Iba gente de una parte muy pobre de la ciudad, la nuestra, y de una parte bastante rica. Esto puede traer problemas. Y trajo, al menos, cuando los niños <<pijos>> apaleaban a los más <<tirados>>, pero ahora, con todo el rollo del amor, la paz y la armonia, las peleas habían disminuido. Además, ahora era difícil distinguir a los <<pijos>> de los tirados. Ahora los tirados llevaban flequillo, los cabellos peinados hacia atrás —Mark y yo también—, y los <<pijos>> intentaban parecer pobres. Llevaban tejanos y camisas viejas por fuera de los pantalones, tal y como siempre habían ido los más <<tirados>> porque no se podían pagar nada mejor. Había una cosa, sin embargo: con esas cazadoras de piel y aquellos pantalones con la etiqueta Levi’s, ahora aquellos chavales se gastaban para parece pobres las mismas pelas que antes se gastaban para parecer ricos. Era de locos. Había otra locura que descubrí el lunes. Soy espabilado y me ponen en la clase de los espabilados. La mayoría son <<pijos>>. Siempre se portaron bien conmigo, y yo había ido a unas cuantas fiestas a sus casas y siempre había salido con algunas de sus chicas. Siempre había pensado que les caía bien. <<Soy Bryon, grande, simpático y listo, y les gusto>>. Aquel día lo vi claro. Yo no les gustaba. La verdad era que probablemente les daba miedo. Pero yo era un <<blanco pobre>>, y ellos eran <<liberales>> y, por lo tanto, me invitaban a las fiestas, por que todo el mundo pudiera ver qué buena gente eran.
Y al fin y al cabo, no importa que S.E.Hinton no entre a analizar la guerra de Vietnam. Ni tampoco son las referencias socioculturales de la novela—el hippismo, Vietnam, las comunas, el LSD—las que dan valor, pues éstas van perdiendo relevancia década tras década. Nada de eso se echa en falta. El valor está en unos buenos personajes y cómo lidian con sus circunstancias, así como también en una buena historia. Y en la mirada de Hinton. Hay quien dice que Hinton pecó de moralista con esta novela, por su condena a las drogas y por la opinión desfavorable que se muestra del hippismo. No considero que la autora llegué a demonizar a los hippies, ni a culparlos. Pero sí parece que para Hinton el hipismo no es más que una válvula de escape desesperada a la que se aferra la juventud. Un camino fácil y equivocado (2). Será el caso de un personaje importante en la obra: M&M —sí, se llama así por los caramelos M&M—. Un buen chico, bondadoso, sensible, que encuentra dentro del hippismo una tabla a la que agarrarse. ¿Dónde parece estar el foco del conflicto para Hinton? En la pobreza, en el abandono social y en la ausencia de expectativas. En varias ocasiones se hace referencia a la falta de dinero, que condiciona la vida de Bryon y Mark. Y el ingreso en el hospital de la madre, teniendo en cuenta cómo es el sistema sanitario en EEUU, agrava aún más el problema (3). Hasta el punto de que para ir a visitar a la madre tendrán que tirar de autostop. Y ante tal panorama social ¿qué pueden hacer los jóvenes? La empatía de la autora hacía ellos es evidente en la novela (4) y, en general, en todas las obras de la autora. Susan E.Hinton inauguró el género de realista juvenil, y su clave fue saber meterse en la piel de los jóvenes. Así, con el personaje de M&M, también veremos cierto conflicto generacional padre/hijo. Y la empatía, claro está, recae en el joven hippie. De los padres de M&M, por cierto, tampoco se dicen los nombres.
Entre socs y greasers, emergen los hippies, algunos son socs reciclados

Ya lo comenté en la entrada de Rebeldes: se nota la mirada cercana de Hinton, sin esa distancia que sí percibo en otros autores de literatura de juvenil. Y como también comenté, uno de los recursos de los que se sirve Hinton es que sabe dar breves pinceladas informativas en su cortas novelas —once capítulos en poco más de cien páginas en la que nos ocupa— que resultan eficaces y ayudan a hacerte una idea de cómo es el personaje. Y serán los personajes los que hagan avanzar la novela, de forma natural, por una combinación de decisiones personales y azar. Un azar bien hilvanado, creíble. Tan creíble que sientes que es la propia vida. Bryon, al final de la novela, se preguntará acerca de este azar. Se preguntará “y si...”. Los “y si…”. ¿No se los han preguntado alguna vez, queridos lectores? ¿Jamás ha tenido un “y si…” rondándoles por la cabeza al recordar el pasado? Si aquella tarde no hubiera salido de casa, si no hubiera leído tal libro, si no hubiera decidido hacer X, si Fulano no hubiera aparecido por casualidad en aquel lugar… Pequeñas cosas que lo cambian todo. Porque creo que vivir nos lleva, indudablemente, a tener esos condicionales. Y Bryon los tendrá.

Detengámonos en Bryon. Como he dicho anteriormente, la novela que nos ocupa fue posterior a Rebeldes, pero anterior a La ley de la calle. Así que Esto es otra historia está a caballo entre ambas novelas, pero no sólo cronológicamente. Haciendo un breve ejercicio comparativo rápidamente se advierte que esta novela no tiene la candidez de Rebeldes, ni ese mensaje final tan abiertamente optimista. Pero tampoco alcanza la cota de pesimismo y de falta de perspectiva vital de La ley de la calle, quedándose así en un punto intermedio. Y esto que se aplica a la novela también se aplica particularmente con Bryon si lo comparamos con Ponyboy Curtis de Rebeldes y Rusty James de La ley de la calle.
Bryon y Ponyboy son dos adolescentes inteligentes que sacan buenas notas, a ambos les gusta leer y ambos son de clase baja en una familia que pasa apuros económicos. Sin embargo, a Bryon se le ve un chico más seguro y sin esa timidez que caracterizaba a Ponyboy, y con una gran desenvoltura en sus escarceos amorosos —hasta el punto en el que se vale de engaños, dicho por él mismo (5)—. No resulta, en definitiva, un personaje tan tierno. Su ética llega a resultar dudosa, sobre todo al principio de la novela. Sin embargo, Bryon irá evolucionando. Porque, pese a ser un chico rudo forjado en las calles de Tucsa y con ese punto egoísta, llegará a plantearse cosas, y a sentirse disconforme con unas situaciones que empiezan a sobrepasarle y que le hacen plantearse cuestiones éticas.
En cuanto a Rusty James, en el personaje de La ley de la calle no quedaba mucho espacio para dudas y preguntas éticas. La ley de la calle plantea otra problemática distinta a las decisiones éticas, y acaba resultando una defunción de la esperanza. Rusty James quizás sea más parecido a un personaje como Mark. Sin ir más lejos, el gran sueño de Rusty James era seguir creyendo en una épica idealizada de bandas y camaradería. Un sueño que, de tan ideal, resultó irreal. Curiosamente, Mark al igual que Rusty James también añora a las bandas.
—Ahora cada uno de nosotros tiene su propia identidad y no pasa nada —dije.
Entendía perfectamente lo que él decía. Mark tenía la costumbre de pensar de la misma manera que yo. La diferencia era que él normalmente hablaba y yo no.
— Sí, pero ¿no echas en falta la vieja rutina del <<todos para uno y y uno para todos>>? Es un poco triste cuando llegas a ese punto en el que ya no necesitas a la pandilla como antes.
— También es una cosa buena —dije—, cuando descubres tu propia personalidad y ya no necesitas la que te da la pandilla.
—Sí—suspiró Mark—, pero hay una diferencia. Y no sé cuál es.
— La diferencia —dije tranquilamente— es que aquello era entonces y esto es ahora.
Y una vez que ese sueño se rompe queda un vacío, una nada, un no saber a dónde ir, como le pasa a Rusty James. Bryon no llegará a un estado tan anodino, pero está claro que el optimismo final de una novela como Rebeldes no tiene continuación en Esto es otra historia. En Rebeldes hay esperanza porque todo parece indicar que si haces las cosas bien efectivamente irán bien. En Esto es otra historia ya no está tan claro. Bryon actúa por ética, sí. Y toma una decisión que se supone que es la correcta. Pero el regusto final es triste. He visto que hay quien tacha esta novela de Hinton de ser moralista, en un mal sentido. Disiento. ¿Hay moralismo? Sí, pero no es moralina. Y es un moralismo doloroso, que no te da una respuesta confortante, cosa que evita que estemos ante una novela juvenil plana y completamente cerrada. La vida no es algo sencillo. Ahí está el encanto de la lectura.

Y en fin, podría comentar más detalles. Pero mejor no alargo más, que tiendo a enrollarme demasiado. Mejor descubran la novela por ustedes mismos. O mejor aún: descubran estas tres novelas de Susan E.Hinton y léanlas, a poder ser, en el orden cronológico de publicación. Empiecen con Rebeldes, sigan con Esta es otra historia y terminen con La ley de la calle, ya que es interesante compararlas. O léanlas en el orden que quieran. Pero leánlas.

Valoración: notable

Te gustará si te gusta la novela juvenil realista, las historias de pandilleros de los bajos fondos, los años 60/70


Fragmentos
(1) Bryon ya describe alguna diferencia al principio, pero por aquel entonces aún no le importaba:
Yo era el jugador y Mark el ladrón. Éramos una pareja fenomenal. Sin embargo no había una cosa curiosa: Mark no veía nada malo en el hecho de robar y yo sí. No me importaba mucho que Mark fuera un ladrón, pero sentía que robar estaba mal; al menos, la ley lo castigaba. Pienso que Mark sólo se daba cuenta vagamente de este hecho. Robar era como un juego para él, una cosa que servía para divertirse y sacar provecho, y vigilaba que no le cogieran simplemente porque ésta era una de las normas. Así es como vivíamos, robando y vendiendo, intentando ahorrar y dinero comer a la vez.
(2) Bryon hará esta reflexión sobre eso de ser tan libre como un hippie:
Pensé en eso mucho rato. Yo soy el primero en admitir que estoy enganchado de muchas cosas. Me parece que no me consideraré nunca libre del todo. Tampoco estoy seguro de considerarles libres a ellos.
(3) Así estaban en casa:
Al día siguiente en la tarde, después de la escuela, Mark y yo fuimos a ver a nuestra madre. Acababa de salir de una operación grave, una de estas que cuestan tanto dinero. Nos vendimos el coche, un Chevrolet viejo, la tele, que era en blanco y negro, y todo lo que encontramos para vender, pero aún íbamos cortos de dinero. 
(4) No tenían un panorama muy halagador:
Yo pensaba en lo que dijo Cathy. No había nada más que hacer que ir arriba y abajo del Ribbon pese a vivir en una ciudad bastante grande. (…). Toda la gente mayor de la ciudad se quejaba de los chavales que conducían arriba y abajo. ¿Pero qué querían que hiciéramos? ¿Sentarse y contemplar las vigas que ellos seguramente hicieron siendo jóvenes? No, gracias.
(5) El seductor Bryon
Yo era así. También decía una mentira si pensaba que se la iban a tragar, sobre todo a las chicas. Por ejemplo, decía que las quería y todas esas tonterías, aunque no fuera verdad. Tenía fama de seductor, de embaucador. Continuaba la tradición del viejo Lord Byron, en cierto modo. A veces me llegaba a sentir mal cuando pensaba en la manera tan desagradable como había tratado a algunas chicas, pero normalmente no me preocupaba.