jueves, 6 de diciembre de 2018

Això és una altra història, de Susan E.Hinton. O entre el deber y la fraternidad



Ficha
Título: Això és una altra historia
Título original: That was then, this is now
Autora: Susan E.Hinton
Lengua: catalán
Lengua original: inglés
Traducción: Elisabet Cabeza
Nº de páginas: 132

Sinopsis (copiada de la contraportada y traducida al castellano por mí)
Bryon y Mark han vivido desde pequeños como si fueran hermanos. Han compartido la pandilla, las peleas en la calle y un montón de experiencias de todo tipo.
Ahora ya tienen dieciséis años y su mundo gira alrededor del juego, la violencia y las drogas, pero también del amor y la amistad. Sienten que algo está cambiando, que nada vuelve a ser como antes: a partir de ahora cada uno tendrá que elegir su propio camino, y muy diferentes al parecer.

Opinión personal
Sí, Susan E.Hinton es una autora por la que siento predilección. Ya reseñé elogiosamente Rebeldes y La ley de la calle, y como no hay dos sin tres, me apetecía volver a escribir acerca de otra novela suya: Això és una altra historia. Así se titula en catalán, que fue el idioma en el que la leí, pero la pueden encontrar en castellano y también publicada en Alfaguara bajo el título de Esto ya es otra historia. En caso de que alguien la haya leído en el idioma de Cervantes, no se sorprendan si mis citas no son exactamente iguales, ya que las he traducido de la edición catalana yo mismo. Tampoco haré ningún spoiler que se considere relevante, pero si son unas personas extremadamente recelosa —muy muy recelosa— de los spoilers no les garantizo nada. Así que abro La posada del lector y pasen si lo consideran oportuno.

Como les conté en su entrada pertinente, Susan E.Hinton debutó con Rebeldes, siendo adolescente, en 1967. La ley de la calle, su tercera novela, la publicó en 1975. Y entre medias de ambas, en 1971, publicó la novela que nos ocupa hoy: Això és una altra historia. No será baladí el hecho de que esta novela esté entre medias de las otras dos citadas, aunque volveré a eso más adelante. Y también debido a las otras dos obras citadas conviene detenerse en el título, ya que tampoco está traducido literalmente. Rebeldes originalmente se titula The outsiders; La ley de la calle es Rumble Fish; y Esto es otra historia se titula originalmente That was Then, this is nowAquello era entonces, esto es ahora—. ¿Qué le pasó a Alfaguara con los títulos de las novelas de Hinton? No tengo la respuesta, porque además los títulos originales no son intraducibles ni suenan mal. Y más en el caso de esta novela, en la cual la frase de “Aquello era entonces, esto es ahora” sale citada hasta en dos ocasiones.

Pero vayamos ya con la novela en cuestión. El personaje protagonista y narrador es Bryon —sí, han leído bien, Bryon, y no Byron, la semejanza hasta se comenta en la obra—, un adolescente de 16 años cuya vida discurre en compañía de su hermano adoptado Mark.  Bryon y Mark se llevan mejor que muchos hermanos de sangre, son hermanos en el sentido más fraternal. Una compañía que data desde la infancia, desde antes de que la madre de Bryon adoptase a Mark. La madre  es una mujer muy piadosa, ya que como comenta Bryon “hubiera querido tener cien hijos, pero sólo pudo tener uno, de aquí viene que hasta que no pudo tener a Mark se tuvo que contentar con alimentar todos los gatos de la calle”. Pero como ya sucedió en las otras dos novelas de Hinton que reseñé, el personaje adulto de la madre queda en un segundo plano. Gran parte de la novela se la pasa ingresada en el hospital, y cuando está en casa tampoco es que se ponga mucho el foco en ella. Ni siquiera se le cita el nombre, siendo “la madre”, a secas. Serán los personajes adolescentes en general —no sólo Mark y Bryon— quienes tendrán más protagonismo en la novela.

Llegados a este punto, ya se puede desvelar la temática: Això és una altra historia nos habla de maduración, de crecimiento personal, de encaminarse en esta cosa tan complicada llamada vida. Pero nuestras acciones no sólo nos repercuten a nosotros, también a los demás. Y en ese crecimiento personal están Bryon y Mark. Pero no parece que vayan creciendo en la misma dirección. A medida que van pasando los capítulos y los acontecimientos, Mark irá fluyendo bien en ellos, adaptándose sin problemas a las dificultades. Pero Bryon no y empezará a verse afectado y a pararse a pensar si debe considerarse normal lo que está sucediendo. Estamos ante la historia de un distanciamiento entre dos hermanos.

Mark y Bryon no son iguales, aunque en un primer momento la distinción no es que sea muy acusada (1), y ambos personajes son totalmente compatibles e hijos de un mismo ambiente. Un ambiente que Hinton sabe recrear muy bien: el de los bajos fondos, billares, bandas callejeras y jóvenes adolescentes que caen en la delincuencia. En definitiva, el ambiente que había en Rebeldes. Literalmente. Ya que se comparte el mismo marco territorial-ficticio de  su primera novela, e incluso habrá cameos. Sí, volveremos a ver a Ponyboy Curtis —aunque su aparición sabe a poco—, y también a los hermanos Shepard: Tim y Curly. La ciudad no se nombra, pero probablemente sea Tucsa —la ciudad en la que nació y creció Susan E.Hinton—. Por lo tanto, si recuerdan Rebeldes, no es de extrañar que la violencia se respire en las páginas de la novela. Y no sólo porque la haya explícitamente, también está latente. Se cita la presencia policial en alguna ocasión, y se percibe la crudeza de las calles. Drogas y alcohol también harán su presencia, y todo esto con unos personajes que  tienen entre trece y dieciséis años. Sin embargo, pese a la dureza que se muestra en la novela, la pluma de S.E.Hinton se recata en algo: el lenguaje. No hay insultos explícitos, y en ocasiones se dice que tal personaje dijo un taco, pero sin especificar cuál. Así, se leen cosas como “Mark dejó escapar un comentario de lo más desagradable, pero yo no podía ni enfadarme”. O  “Curly dijo algunas cosas más que ahora no repetiré”. Ahí la autora echa freno, como también lo echa con el sexo. Sí, los personajes tienen relaciones sexuales, pero se nombran de pasada, sin que haya ninguna escena descrita.
Después de Rebeldes, Susan E.Hinton publicaba Esto es otra historia

Ya ven, el ambiente geográfico y social de Esto es otra historia es el mismo que Rebeldes. Pero ha pasado un tiempo desde la historia que nos contó Ponyboy. ¿Meses? ¿Un año? ¿Dos? No se especifica. Pero hay una pequeña diferencia social desde entonces. Aquella rivalidad de socs y greasers ha quedado algo atrás, con la irrupción de una nueva tribu urbana: los hippies.
De todas las novelas que he leído de Hinton, ésta es la única en la que el contexto político tiene algo de relevancia. Algo. Sin ir más allá de que un personaje, Charlie, recibe una orden de reclutamiento; y sin ir más allá de la presencia de los hippies. Si han leído Rebeldes quizás recuerden a aquel soc llamado Randy. Bueno, pues también hará un breve cameo y nos lo encontraremos convertido en un hippie, quizás arrepentido de su pasado como soc. En esta novela conduce la típica furgoneta Volkwagen y lleva en ella a los dos hermanos al hospital a visitar a la madre. Porque hay un detalle que la autora no deja pasar desapercibido: los hippies suelen ser en su mayoría chicos de clase alta, tal es el caso de Randy. Este fragmento me parece revelador —y sigue siendo tan vigente en nuestros tiempos presentes—:
Iba a un instituto grande. Cada año se graduaban unas setecientas personas de la clase de los grandes que era la más pequeña, o sea que os podéis imaginar cómo era de grande. Iba gente de una parte muy pobre de la ciudad, la nuestra, y de una parte bastante rica. Esto puede traer problemas. Y trajo, al menos, cuando los niños <<pijos>> apaleaban a los más <<tirados>>, pero ahora, con todo el rollo del amor, la paz y la armonia, las peleas habían disminuido. Además, ahora era difícil distinguir a los <<pijos>> de los tirados. Ahora los tirados llevaban flequillo, los cabellos peinados hacia atrás —Mark y yo también—, y los <<pijos>> intentaban parecer pobres. Llevaban tejanos y camisas viejas por fuera de los pantalones, tal y como siempre habían ido los más <<tirados>> porque no se podían pagar nada mejor. Había una cosa, sin embargo: con esas cazadoras de piel y aquellos pantalones con la etiqueta Levi’s, ahora aquellos chavales se gastaban para parece pobres las mismas pelas que antes se gastaban para parecer ricos. Era de locos. Había otra locura que descubrí el lunes. Soy espabilado y me ponen en la clase de los espabilados. La mayoría son <<pijos>>. Siempre se portaron bien conmigo, y yo había ido a unas cuantas fiestas a sus casas y siempre había salido con algunas de sus chicas. Siempre había pensado que les caía bien. <<Soy Bryon, grande, simpático y listo, y les gusto>>. Aquel día lo vi claro. Yo no les gustaba. La verdad era que probablemente les daba miedo. Pero yo era un <<blanco pobre>>, y ellos eran <<liberales>> y, por lo tanto, me invitaban a las fiestas, por que todo el mundo pudiera ver qué buena gente eran.
Y al fin y al cabo, no importa que S.E.Hinton no entre a analizar la guerra de Vietnam. Ni tampoco son las referencias socioculturales de la novela—el hippismo, Vietnam, las comunas, el LSD—las que dan valor, pues éstas van perdiendo relevancia década tras década. Nada de eso se echa en falta. El valor está en unos buenos personajes y cómo lidian con sus circunstancias, así como también en una buena historia. Y en la mirada de Hinton. Hay quien dice que Hinton pecó de moralista con esta novela, por su condena a las drogas y por la opinión desfavorable que se muestra del hippismo. No considero que la autora llegué a demonizar a los hippies, ni a culparlos. Pero sí parece que para Hinton el hipismo no es más que una válvula de escape desesperada a la que se aferra la juventud. Un camino fácil y equivocado (2). Será el caso de un personaje importante en la obra: M&M —sí, se llama así por los caramelos M&M—. Un buen chico, bondadoso, sensible, que encuentra dentro del hippismo una tabla a la que agarrarse. ¿Dónde parece estar el foco del conflicto para Hinton? En la pobreza, en el abandono social y en la ausencia de expectativas. En varias ocasiones se hace referencia a la falta de dinero, que condiciona la vida de Bryon y Mark. Y el ingreso en el hospital de la madre, teniendo en cuenta cómo es el sistema sanitario en EEUU, agrava aún más el problema (3). Hasta el punto de que para ir a visitar a la madre tendrán que tirar de autostop. Y ante tal panorama social ¿qué pueden hacer los jóvenes? La empatía de la autora hacía ellos es evidente en la novela (4) y, en general, en todas las obras de la autora. Susan E.Hinton inauguró el género de realista juvenil, y su clave fue saber meterse en la piel de los jóvenes. Así, con el personaje de M&M, también veremos cierto conflicto generacional padre/hijo. Y la empatía, claro está, recae en el joven hippie. De los padres de M&M, por cierto, tampoco se dicen los nombres.
Entre socs y greasers, emergen los hippies, algunos son socs reciclados

Ya lo comenté en la entrada de Rebeldes: se nota la mirada cercana de Hinton, sin esa distancia que sí percibo en otros autores de literatura de juvenil. Y como también comenté, uno de los recursos de los que se sirve Hinton es que sabe dar breves pinceladas informativas en su cortas novelas —once capítulos en poco más de cien páginas en la que nos ocupa— que resultan eficaces y ayudan a hacerte una idea de cómo es el personaje. Y serán los personajes los que hagan avanzar la novela, de forma natural, por una combinación de decisiones personales y azar. Un azar bien hilvanado, creíble. Tan creíble que sientes que es la propia vida. Bryon, al final de la novela, se preguntará acerca de este azar. Se preguntará “y si...”. Los “y si…”. ¿No se los han preguntado alguna vez, queridos lectores? ¿Jamás ha tenido un “y si…” rondándoles por la cabeza al recordar el pasado? Si aquella tarde no hubiera salido de casa, si no hubiera leído tal libro, si no hubiera decidido hacer X, si Fulano no hubiera aparecido por casualidad en aquel lugar… Pequeñas cosas que lo cambian todo. Porque creo que vivir nos lleva, indudablemente, a tener esos condicionales. Y Bryon los tendrá.

Detengámonos en Bryon. Como he dicho anteriormente, la novela que nos ocupa fue posterior a Rebeldes, pero anterior a La ley de la calle. Así que Esto es otra historia está a caballo entre ambas novelas, pero no sólo cronológicamente. Haciendo un breve ejercicio comparativo rápidamente se advierte que esta novela no tiene la candidez de Rebeldes, ni ese mensaje final tan abiertamente optimista. Pero tampoco alcanza la cota de pesimismo y de falta de perspectiva vital de La ley de la calle, quedándose así en un punto intermedio. Y esto que se aplica a la novela también se aplica particularmente con Bryon si lo comparamos con Ponyboy Curtis de Rebeldes y Rusty James de La ley de la calle.
Bryon y Ponyboy son dos adolescentes inteligentes que sacan buenas notas, a ambos les gusta leer y ambos son de clase baja en una familia que pasa apuros económicos. Sin embargo, a Bryon se le ve un chico más seguro y sin esa timidez que caracterizaba a Ponyboy, y con una gran desenvoltura en sus escarceos amorosos —hasta el punto en el que se vale de engaños, dicho por él mismo (5)—. No resulta, en definitiva, un personaje tan tierno. Su ética llega a resultar dudosa, sobre todo al principio de la novela. Sin embargo, Bryon irá evolucionando. Porque, pese a ser un chico rudo forjado en las calles de Tucsa y con ese punto egoísta, llegará a plantearse cosas, y a sentirse disconforme con unas situaciones que empiezan a sobrepasarle y que le hacen plantearse cuestiones éticas.
En cuanto a Rusty James, en el personaje de La ley de la calle no quedaba mucho espacio para dudas y preguntas éticas. La ley de la calle plantea otra problemática distinta a las decisiones éticas, y acaba resultando una defunción de la esperanza. Rusty James quizás sea más parecido a un personaje como Mark. Sin ir más lejos, el gran sueño de Rusty James era seguir creyendo en una épica idealizada de bandas y camaradería. Un sueño que, de tan ideal, resultó irreal. Curiosamente, Mark al igual que Rusty James también añora a las bandas.
—Ahora cada uno de nosotros tiene su propia identidad y no pasa nada —dije.
Entendía perfectamente lo que él decía. Mark tenía la costumbre de pensar de la misma manera que yo. La diferencia era que él normalmente hablaba y yo no.
— Sí, pero ¿no echas en falta la vieja rutina del <<todos para uno y y uno para todos>>? Es un poco triste cuando llegas a ese punto en el que ya no necesitas a la pandilla como antes.
— También es una cosa buena —dije—, cuando descubres tu propia personalidad y ya no necesitas la que te da la pandilla.
—Sí—suspiró Mark—, pero hay una diferencia. Y no sé cuál es.
— La diferencia —dije tranquilamente— es que aquello era entonces y esto es ahora.
Y una vez que ese sueño se rompe queda un vacío, una nada, un no saber a dónde ir, como le pasa a Rusty James. Bryon no llegará a un estado tan anodino, pero está claro que el optimismo final de una novela como Rebeldes no tiene continuación en Esto es otra historia. En Rebeldes hay esperanza porque todo parece indicar que si haces las cosas bien efectivamente irán bien. En Esto es otra historia ya no está tan claro. Bryon actúa por ética, sí. Y toma una decisión que se supone que es la correcta. Pero el regusto final es triste. He visto que hay quien tacha esta novela de Hinton de ser moralista, en un mal sentido. Disiento. ¿Hay moralismo? Sí, pero no es moralina. Y es un moralismo doloroso, que no te da una respuesta confortante, cosa que evita que estemos ante una novela juvenil plana y completamente cerrada. La vida no es algo sencillo. Ahí está el encanto de la lectura.

Y en fin, podría comentar más detalles. Pero mejor no alargo más, que tiendo a enrollarme demasiado. Mejor descubran la novela por ustedes mismos. O mejor aún: descubran estas tres novelas de Susan E.Hinton y léanlas, a poder ser, en el orden cronológico de publicación. Empiecen con Rebeldes, sigan con Esta es otra historia y terminen con La ley de la calle, ya que es interesante compararlas. O léanlas en el orden que quieran. Pero leánlas.

Valoración: notable

Te gustará si te gusta la novela juvenil realista, las historias de pandilleros de los bajos fondos, los años 60/70


Fragmentos
(1) Bryon ya describe alguna diferencia al principio, pero por aquel entonces aún no le importaba:
Yo era el jugador y Mark el ladrón. Éramos una pareja fenomenal. Sin embargo no había una cosa curiosa: Mark no veía nada malo en el hecho de robar y yo sí. No me importaba mucho que Mark fuera un ladrón, pero sentía que robar estaba mal; al menos, la ley lo castigaba. Pienso que Mark sólo se daba cuenta vagamente de este hecho. Robar era como un juego para él, una cosa que servía para divertirse y sacar provecho, y vigilaba que no le cogieran simplemente porque ésta era una de las normas. Así es como vivíamos, robando y vendiendo, intentando ahorrar y dinero comer a la vez.
(2) Bryon hará esta reflexión sobre eso de ser tan libre como un hippie:
Pensé en eso mucho rato. Yo soy el primero en admitir que estoy enganchado de muchas cosas. Me parece que no me consideraré nunca libre del todo. Tampoco estoy seguro de considerarles libres a ellos.
(3) Así estaban en casa:
Al día siguiente en la tarde, después de la escuela, Mark y yo fuimos a ver a nuestra madre. Acababa de salir de una operación grave, una de estas que cuestan tanto dinero. Nos vendimos el coche, un Chevrolet viejo, la tele, que era en blanco y negro, y todo lo que encontramos para vender, pero aún íbamos cortos de dinero. 
(4) No tenían un panorama muy halagador:
Yo pensaba en lo que dijo Cathy. No había nada más que hacer que ir arriba y abajo del Ribbon pese a vivir en una ciudad bastante grande. (…). Toda la gente mayor de la ciudad se quejaba de los chavales que conducían arriba y abajo. ¿Pero qué querían que hiciéramos? ¿Sentarse y contemplar las vigas que ellos seguramente hicieron siendo jóvenes? No, gracias.
(5) El seductor Bryon
Yo era así. También decía una mentira si pensaba que se la iban a tragar, sobre todo a las chicas. Por ejemplo, decía que las quería y todas esas tonterías, aunque no fuera verdad. Tenía fama de seductor, de embaucador. Continuaba la tradición del viejo Lord Byron, en cierto modo. A veces me llegaba a sentir mal cuando pensaba en la manera tan desagradable como había tratado a algunas chicas, pero normalmente no me preocupaba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sírvase un trago y comente. Pero eso sí, ni las copas de más justifican el spam ni las faltas de respeto.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...