jueves, 9 de agosto de 2018

El Pueblo, de Zenna Henderson. O cuando los extraterrestres tienen más humanidad que nosotros



Ficha
Título: El Pueblo
Título original: The People Collection
Autora: Zenna Henderson
Lengua: castellano
Lengua original: inglés
Traducción: Elsa Mateo
Ilustración de cubierta: Trazo.
Nºde páginas: 601

Sinopsis (copiada de la contraportada)
Por primera vez en la historia de la fantasía y la ciencia ficción se agrupan en un único volumen, TODAS las historias de la entrañable gente de El Pueblo: Peregrinación (1961), El Pueblo: sin diferencias (1966) y los relatos de La especie imborrable, El viaje de Katie-Mary, El incidente del después y Las paredes.
Los ya clásicos personajes de Zenna Henderson son una especie de extraterrestres especialmente bondadosos llegada a la Tierra en pequeños grupos de supervivientes tras el paso a nova de su nuevo sol. Por su físico no se distinguen de los humanos, pero disponen de una moral claramente superior y de poderes PSI, que siempre han utilizado para el bien. Deben ocultar sus poderes (telepatía, telekinesis, etc.) de los humanos terrestres, no tan inclinados a la bondad, que los contemplan con horror y los persiguen acusándolos de practicar la brujería.

Opinión personal
Hace tiempo que debía reseñar El Pueblo, de Zenna Henderson. Leída en el 2016, anuncié reseña para el 2017. No me fue posible hacerla, así que no se me vaya a ir este año sin ponerme manos a la obra. El Pueblo no ha resultado ser una lectura tan deleitosa como esperaba. Suele ocurrir cuando tienes una expectativa alta, y yo la tenía. Leí que se trataba de una obra de ciencia ficción atípica, de carácter bucólico y poniendo el acento en lo sentimental. Todo esto, lejos de provocarme rechazo, me resultó atrayente. ¿Y me encontré una obra bucólica que ponía el acento en lo sentimental? Pues sí, efectivamente es lo que me encontré. No hubo engaño. Pero no de la manera que esperaba. No ha sido una obra de ciencia ficción que me haya entusiasmado, como sí hicieron Soy leyenda y Pícnic junto al camino. A pesar de todo, sí ha sido una obra curiosa, y en ocasiones me ha resultado simpática. Así que toca abrir la Posada del lector, que tenía muy pendiente esta entrada.

Debo empezar hablando, antes de nada, de esta edición de Ediciones B. Miquel Barceló, prologuista y experto en ciencia ficción, nos cuenta que en este volumen encontraremos “todo lo escrito por Zenna Henderson sobre sus entrañables personajes”. Porque estamos ante toda la obra compilada: los dos libros de relatos —Peregrinación (1961), y El Pueblo: sin diferencias (1966)—, más cuatro relatos sueltos: dos relacionados con El Pueblo —“La especie imborrable”; “El viaje de Katie-Mary”—, y otros dos que no lo están —“El incidente del después”; “Las paredes”—. Así que dividiré esta entrada entre las distintas partes en las que se divide el volumen. (Aviso, si es una persona muy escrupulosa con los spoilers, quizás no convenga leerla).

PEREGRINACIÓN
Peregrinación, publicado en 1961 fue el primer libro que recogió los relatos de El pueblo. Son un total de seis relatos que se fueron publicando previamente en revistas —el primero en 1952, y el último en 1959—. Henderson no se limitó únicamente a reunirlos, también les dio un hilo conductor: la historia de una chica, Lea, que pasa por un momento angustioso en su vida, e intenta suicidarse. Pero no puede llevar a cabo su plan porque un miembro del Pueblo se lo impide, y la llevará a un lugar extraño, una especie de congreso en el que los seres del Pueblo contarán y registrarán en un aparato mecánico una serie de historias personales. Y cada una de estas historias será uno de los relatos que Zenna Henderson publicó anteriormente en fanzines.

¿Y por qué los miembros del Pueblo quieren registrar sus vivencias en la Tierra? Mejor que nos lo explique uno de ellos:
—Los ancianos han decidido que sería prudente registrar nuestra historia hasta la fecha. Por eso estáis todos aquí. Cada uno de vosotros guarda en su interior una parte importante de nuestra historia. Cada uno de vosotros ha influido de forma indeleble en el curso de los acontecimientos que atañen a nuestros Grupos. Queremos conocer vuestras historias. No una reinterpretación a la luz de lo que sabéis ahora, sino la premisa original, la pregunta original, la comprensión original… —Se oyó un murmullo generalizado—. Sí —respondió Jemmy—. Vivirlo del principio al fin, exactamente igual… a pesar del dolor. Ahora —estiró el trozo de papel—, siguiendo un orden cronológico… Oh, antes que eso, ¿dónde está el grabador de Davey?
—¿El grabador? —preguntó alguien—. ¿Qué tienen de malo nuestros recuerdos?
—Nada —respondio Jemmy—. Pero queremos que este registro sea independiente de cualquiera de nosotros, que se vaya con el que se va y se quede con el que se queda. Compartimos los recuerdos en general, por supuesto, pero los pequeños detalles… bueno, de todos modos, traigamos el grabador de Davey. Ahora, siguiendo un orden cronológico… karen, tú eres la primera.
Como ven, pese a que los miembros del Pueblo cuentan con determinados poderes sobrenaturales, y uno de esos poderes consiste en tener un recuerdo global compartido por toda la comunidad, registrarán los relatos en un grabador. Les resulta de vital importancia esta preservación de sus vivencias y mantener una historia común lo más fidedigna posible. Y es que estos alienígenas tuvieron que adaptarse a la nueva realidad terrestre, una realidad que les fue hostil. No fue fácil para ellos, y como dice Alfred Bester, en unas palabras citadas en el prólogo de la edición, “la historia de El Pueblo es la historia del conflicto entre la voluntad de adaptarse a los estándares terrestres y el lento reconocimiento y aceptación de su especial identidad”. Efectivamente, el conflicto de identidad será una constante en la obra, una lucha íntima y solitaria entre lo que eran antes, lo que perdieron, lo que son y lo que deben ser y construir ahora. En el fondo, no deja de ser un asunto socialmente tan natural como es la inmigración, con las tristezas y nostalgias que eso conlleva. ¿Quiénes somos? ¿A qué lugar pertenecemos realmente? Se preguntarán los  miembros del Pueblo, sobre todo los nacidos ya en la Tierra, y más si son nacidos de una pareja mixta terrícola-alienígena. Esto último es el caso del segundo relato, <<Gilead>>, en el que dos hermanos, Peter y Bethie, se ven en dicha tesitura al ser mestizos.
Portada de Peregrinación, de una edición antigua de Minotauro

¿Y en qué se distingue exactamente un humanoide del Pueblo de un terrícola de la Tierra? Pues, físicamente, en nada. Son indistinguibles. Sólo hay dos rasgos, aparentemente, que marcan la diferencia —y por cierto, en toda la obra no aparece ningún gentilicio para definir a los miembros del Pueblo—. El primer rasgo, y probablemente el más llamativo a ojos de un terrestre, son las habilidades especiales que poseen. Todos tienen una serie de poderes compartidos como la telepatía, la capacidad de volar o, también, presentir cuando les llega la muerte. Pero además, estas gentes adquieren también, sobre todo en la adolescencia, unos poderes más específicos llamados “dones”. Y todos estos poderes deberán quedar ocultos para no ser acusados de brujería. “Para la mayoría de gente, diferente es sinónimo de malo”, dirá uno de los personajes. El segundo rasgo distintivo es la ética. Los miembros del Pueblo actúan movidos por una bondad y un sentido moral elevado. En muchas ocasiones, la comparación con nosotros los terrícolas salta a la vista, y dicha comparación no nos deja en buen lugar. Por poner tan sólo un ejemplo,  en el relato cuarto,  <<El desierto>>, vemos a una tal señora kanz reaccionar así ante un caso de bullying:
La señora Kanz se encogió de hombros.
—Si se vuelve peligrosa tendremos que sacarla de aquí.
—¿Pero por qué permitir que los chicos la atormenten? —protesté, sintiendo un espamo de ira.
 Me miró con expresión severa.
—Yo no lo <<permito>>. Los chicos siempre son crueles con los que son diferentes. ¿Aún no lo has notado?

La infancia y la adolescencia tendrán mucha presencia en la obra. Niños y adolescentes lo pasarán especialmente mal, para ellos será más difícil ocultar sus poderes. Pedirles tal cosa, como les exigen sus temerosos adultos, es pedirles que se repriman en algo que para ellos es completamente natural. En el tercer relato, <<Potaje>>, se aborda concretamente esta problemática con los niños del Pueblo, e incluso se ve cierto choque generacional.

Pero una vez terminado este primer libro recopilatorio, acabas dudando de las dos características diferenciadoras citadas entre terrícolas y alienígenas. ¿Seguro que somos tan distintos? Yo vi algo muy claro, algo que en ningún momento se dice explícitamente en la obra pero que pongo la mano en el fuego de que es así: terrícolas y alienígenas del Pueblo somos la misma especie. Totalmente. Muchos humanos no son tan bondadosos como los visitantes extraplanetarios, pero pueden llegar a serlo. Porque los seres del Pueblo una suerte de un espejo edificante para los humanos, cosa que refuerza la clara intención moralizante de Henderson. El sentido educativo de la lectura, pues, es evidente, hasta el punto de que la profesión más repetida que aparece en la obra será la de maestro —no en vano, ésa era la profesión de Zenna Henderson—. Ahora tocaría hablarles de otros rasgos de este primer recopilatorio, y hasta podría cerrar esta entrada explicando la valoración final. Pero si lo hiciera no me quedaría apenas nada para comentar del segundo compendio de relatos. Por desgracia, a la obra le pillas pronto los trucos narrativos y le captas totalmente el sentido. Por eso, cuando terminé de leer esta primera parte, lejos de seguir con el segundo recopilatorio del tomo, me vi en la necesidad de hacer una pausa e intercalar otra lectura de por medio. Pero pasemos ya con la segunda recopilación.

EL PUEBLO: SIN DIFERENCIAS
Sin diferencias se editó en 1966, y recopiló seis nuevos relatos relacionados con esta comunidad alienígena.  Pero esta vez, al contrario que en Peregrinación, no hay hilo conductor que una las historias. Sí habrá cameos de personajes del libro anterior. Por lo demás, Sin diferencias sigue con la misma tónica: moralismo e intencionalidad didáctica. ¿Qué aporta de novedoso respecto a Peregrinación? Poca cosa, quizás lo más esperado es el segundo relato, <<Diluvio>>, en el que se nos muestra cómo los alienígenas tuvieron que abandonar el Hogar y por qué. Un acontecimiento al que continuamente se hacía mención en Peregrinación y que como lectores conoceremos ahora narrado en primera instancia. Lo interesante, además, es que sabremos más de cómo estaba configurada esa sociedad. También, como novedad, hay relatos de la primera generación de miembros del Pueblo que cayeron a la Tierra y se ubicaron en el sur de Estados Unidos, ambientados en el siglo XIX.
Portada de una edición inglesa de Sin diferencias

Junto con <<Diluvio>>, en mi opinión destaca también <<Ángeles ignorantes>>, quizás el relato más cruento de todos. Y aún así, no hay recreación en la barbarie. Zenna Henderson se abstiene de describir escenas violentas, y las persecuciones mortales sólo se nombran a posteriori. Es decir: aunque se sabe que la violencia está ahí, jamás se recrea en tiempo y espacio presente, y ésta sucede siempre fuera de escena. Así, nada más empezar el relato de <<Ángeles ignorantes>>, encontramos a una niña pequeña recogida por una familia, la niña ha conseguido escapar de una masacre en la que ha muerto su familia. ¿La razón? Como ya he comentado, los miembros del Pueblo generan rechazo entre los terrícolas, pero esta vez hay un motivo más concreto: el fanatismo religioso, que no la religión. Pues Henderson no ejerce la crítica desde una postura atea, sino desde otra postura religiosa, una religiosidad amable que es como la entienden los miembros del Pueblo, ya que todos ellos creen en Dios y hasta rezan. Frente a una religión basada en el miedo, la prohibición y en negarse a disfrutar de la vida, los visitantes apuestan por una religiosidad tolerante, empática y que educa antes que castiga. Quizás por eso, porque en este mundo ficticio de Henderson existe un Dios compasivo, nunca se cae en el pesimismo, abriendo siempre una puerta a la esperanza. Esta religiosidad que transpira la obra me resultó muy reveladora, porque me hizo pensar en uno de los motivos por los cuáles no me entusiasmó la lectura: y es que me recordaba a mis clases de catequesis de la infancia. Sí, me explicaban que había que ser bueno y actuar correctamente, y me exponían una serie de valores. ¿El problema? Que todo resultaba demasiado abstracto. Y así me resultó también la lectura de El Pueblo. Y es muy fácil ser bueno en abstracto. Considero que el problema de la obra no es el moralismo —esa palabra que a muchos, a priori, espanta, y no debería ser así—. El problema fue encontrarme casos de fácil solución moral, sin que hubiera dilemas. Los miembros del Pueblo saben actuar correctamente, pero la mayoría de terrícolas, en cambio, presos de prejucios y miedos, actuarán mal. Se agradece que Henderson no predique explícitamente, y que ilustre con estas historias emotivas usando a los miembros del Pueblo para su fin, pero aún así llega a resultar cargante y repetitivo todo. Los casos problemáticos se quedan en la superficie. Por ejemplo, en el compendio de relatos anterior, Peregrinación, les hablé de Lea, la chica que quería suicidarse pero que fue salvada por miembros del Pueblo, llevada a un lugar a salvo y allí y escuchó sus historias. Lea al final desistirá de su intento suicida después de su experiencia, y recobrará sus ganas de vivir. Bien ¿pero qué problema tenía Lea? No se explica. Como lector, me esperaba casos más complejos, incluso, por qué no, dilemas morales. Mas no, acabé con la sensación de volver a recibir una de aquellas viejas clases de catequesis.

Y lo mismo me pasa con la emotividad de la obra—el fluir de lágrimas será recurrente en sus páginas—. Al leer críticas positivas de la obra, vi que algunos lamentaban que el hincapié que hacía Henderson en lo sentimental generase rechazo. ¿Por qué lo sentimental debe estar mal considerado? Y se decía que El Pueblo era una obra incomprendida. Sin ir más lejos, Miquel Barceló en el prologo comenta que:
Al parecer, en los años setenta  y ochenta esa ciencia ficción <<pastoral>> no se consideraba interesante ni valiosa. Parece ser que algunos (por ejemplo John Clute en su famosa enciclopedia, o Carolyn Cushman en LOCUS) han considerado el estilo <<emotivo y sentimental>> de Henderson como una debilidad en su obra, y que el interés  de la autora por la fe o la solidaridad resulta algo extraño en estos tiempos en que, más bien impera el cinismo. No estoy de acuerdo. En realidad, sin la función para desempeñar esos elementos no se comprendería el gran interés popular que ha despertado, por ejemplo, la obra de un autor como Orson Scott Card quien, precisamente en los últimos diez años, ha construido una gran carrera apoyada en esos mismos elementos. Y Card nunca he negado su interés por la obra de Zenna Henderson.
Leer estas palabras en el prólogo me puso los dientes largos, y en absoluto me echaba para atrás saber de esta vertiente sentimental. Me pareció interesante el planteamiento. Pero como adelanté al principio de esta entrada, me falló el desarrollo de la idea. Noté cierto acartonamiento, y frecuentemente echaba en falta que esa emotividad me perforara aún más, que me mostrara algo aún más profundo. Ojo, aclaro que tampoco se trata de algo vacío y vacuo —como sí pasaba en Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven, la “nadería” absoluta—, y sí llegas a empatizar con los personajes. A veces, te encuentras alguna buena reflexión, como ésta:
Clavé la vista en al taza de café, preguntándome con desesperación dónde podría encontrar a Francher. Después del episodio que había dado lugar tantos rumores, temía lo peor. Sin embargo, a menudo la gente que reacciona violentamente ante problemas relativamente insignificantes permanece aparentemente impertérrita ante problemas realmente serios. Como si no pudieran tener una reacción emocional adecuada.
Pero sientes que le falta un hervor, que se queda a medio camino. Sin ir más lejos, los enamoramientos que aparecen en la obra son muy reservados, y ni siquiera aparecen besos. Y no es que la ausencia de besos sea algo de vital importancia per se, pero sí considero que lo es que las relaciones amorosas te traspasen más. Tampoco ayuda que los personajes sean un poco intercambiables entre sí. ¿Los he visto de más planos? Los he visto. Tampoco son un desastre. Pero de nuevo, les falta una pincelada de profundidad más. Porque ver reiteradamente historias similares y personajes con los mismos problemas al final resulta demasiado previsible. Así, varias historias acaban en un accidente de vida o muerte, pero se logra evitar la tragedia gracias a algún miembro del Pueblo, a través de un deux ex maquina. Las repeticiones argumentales y temáticas dan poco dinamismo y eso repercute en la tensión, que no se mantiene. Por eso les recomendaría, apreciados lectores, que no se lean toda la obra del tirón.

¿Y qué puedo decir de la pluma de Henderson? Es correcta, describe bien, sin falta de detallismo y sin hacerse pesada. Y todo desde la sencillez, una sencillez bien lograda, que funciona. En ocasiones, sabe describir buenos momentos poéticos, relacionados con los momentos introspectivos de los personajes. Por ejemplo:
Supongo que muchas almas solitarias se han sentado junto a su ventana muchas noches para mirar la luz de la luna y han sentido una tristeza que no conoce alivio, una tristeza subrayada por una belleza que es, en sí misma, una agradable forma de aflicción… pero muy pocos han visto lo que yo vi aquella noche.
O también:
Había salido de las sombras y Lea observó el sereno montón de nubes… la maravilla inenarrable de un campo de nubes debajo de la luna. Era una belleza que no sólo alimentaba la vista sino que hacía que todos los sentidos ansiaran abarcarlas y aprehenderla. Le entristeció el no ser capaz de abarcarla con los brazos y sujetarla tan fuerte que pudiera fundirse en su propio ser.
Son  momentos de ternura que me gustan, los considero logrados, pero por desgracia no compensa lo negativo de la obra que les he contado. También destaca la creación de un léxico particular: el que sirve para describir los dones o los acontecimientos históricos importantes del Pueblo. Así pues, cada don tiene una palabra que sirve para definir a la persona que lo posee. Por ejemplo, habrá miembros del pueblo que serán “sensitivos”, otros “reparadores”. A Dios se le conocerá como la “Presencia”. La “Llamada” se produce cuando un miembro del Pueblo sepa que le llega la muerte. Y el accidente que les hizo estrellarse contra nuestro planeta será conocido como el “Cruce”.

La localización en la que se sitúan estas historias no será tema baladí. La acción siempre se sitúa en un medio rural, en poblaciones pequeñas. ¿Quizás por eso la marca de pantalones que se cita en más de una ocasión son los Levi's? Me he llegado a preguntar si era propaganda. En serio. Pero supongo que se debe a ese ambiente rural. Los pantalones Levi's se usaban en el campo, y más concretamente para trabajar en las minas. Y las minas serán lugares que aparecerán con frecuencia en la obra. Así que me cuadra la aparición de estos pantalones. De todas formas, si algún amable lector supiera algo de este detalle, le agradecería que lo comentara.

Este ambiente rural crea un aire bucólico en la obra. Y esta parte bucólica revela, además, otra cosa interesante: ¿dónde está la tecnología de los miembros del Pueblo? No la necesitan, casi. Las naves obviamente sí, así llegaron por accidente —el denominado “Cruce”— a nuestro planeta. Pero es una excepción, y que se explica en el relato <<Diluvio>>. No son seres que vivan en un ambiente tecnológico, ni en su planeta natal ni en la Tierra, no lo necesitan. Sus poderes les bastan. Tampoco se nombran armas, viven en paz y armonía. Da la sensación de que viven, literalmente, en el paraíso. Y mientras leía, tenía la sensación de que Zenna Henderson lanzaba una pregunta implícita: si los miembros del Pueblo no son inalcanzables para los humanos, ¿no podría ser que el Paraíso bien pudiera ser nuestro planeta Tierra y que sólo depende de nosotros lograrlo? Porque en este segundo recopilatorio se confirma aún más que somos la misma especie que los del Pueblo. Si hasta ahora habíamos visto a terrícolas que podían ser tan bondadosos como los miembros del Pueblo, en el relato <<El regreso>> veremos a un personaje visitante actuar de forma incorrecta, algo inesperado a priori pero que no logró causarme mucha sorpresa por lo previsible. Pasemos ya con los últimos cuatro relatos.
Zenna Henderson

Otros relatos de El Pueblo: <<La especie imborrable>>, <<EL viaje de Katie-Marie>>, <<El incidente del después>>, <<Las paredes>>
<<La especie imborrable>> y <<El viaje de Katie-Marie>> están insertados en el mundo ficticio de El Pueblo. En el primer relato la protagonista es profesora —vaya, qué sorpresa—, y se ve cómo lidia con un alumno con problemas. En el segundo nos encontramos en un ambiente hippie, en el cuál una chica estuvo con los habitantes del Pueblo, para después olvidarlo todo —como si se hubiera tomado un viaje de ácido—.
<<El incidente del después>> y <<Las paredes>> son dos relatos, ya sin relación con El Pueblo, pero aún así de corte fantástico. En el primero nos muestra un mundo en el que parece que haya habido una catástrofe en el que se haya iniciado una nueva era, y en el segundo se vuelve a hacer un ejercicio de empatía: una niña que ha visto otro mundo —pudiera ser el nuestro— y el resto de niños le hacen bullying. Otra historia muy propia de Henderson.

Ya hay que finalizar esta larga reseña. No, no me ha terminado de convencer. Por la eterna sensación de que falta algo, de que tendría que ir un paso más allá en muchos aspectos, y por lo repetitivo que resulta. No volveré a leer esta obra. Y me sabe hasta mal hablar negativamente de ella, porque da la impresión de que Zenna Henderson puso mucho mimo y empeño en crear estas historias y ser educativa. Incluso uno se acuerda del drama actual de los refugiados leyendo algo así:
—Podría ser que no nos aceptaran —sugerí.
—¡A unos refugiados sin hogar! —exclamó ‘Chell—. Si al Hogar llegara alguien necesitado…
—¿Aunque fuera diferente?
—Ante la Presencia todos somos iguales —sentenció ‘Chell.
—Pero recuerda —dije apretando la falda entre mis manos—. Sólo remóntate lo suficiente en el tiempo y verás los Días de la Diferencia anteriores a la Paz.
Y ‘Chell recordó. Volvió su rostro convulso hacia mí.
—¿Crees que tal vez no nos recibirían bien si encontráramos un nuevo Hogar?
—Si pudimos tratar de esa forma a nuestra propia gente, ¿cómo podrían tratar otros a unos desconocidos? —pregunté mientras sacudía la falda roja—.
Pero en la literatura no basta los buenos y edificantes propósitos. De todas formas, tampoco la considero una lectura perdida, de la que me haya arrepentido. Si bien mi deleite lector no ha sido del todo satisfecho, sí lo ha sido mi curiosidad. El Pueblo fue un libro de ciencia ficción atípico, una rara avis de la ciencia ficción, y por eso para mí ha tenido su punto leerlo. Mientras que en tantas obras de ciencia ficción los extraterrestres son hostiles y monstruosos, y nosotros los terrícolas las víctimas, en la obra de Henderson sucede justo al revés. Además, Zenna Henderson, según he leído, fue una de las primeras autoras de ciencia ficción que nunca utilizó seudónimo masculino para publicar. Nació en 1917 en EEUU y murió en 1983. Y recordemos que con el primer libro de Harry Potter, publicado en 1997, Rowling tuvo que ocultar las iniciales de su nombre por consejo de su editor. Así que no ha estado mal conocer a la señora Henderson.
Si alguna vez llegan extraterrestres a nuestro planeta, espero que sean miembros de El Pueblo, y no como los de Mars Attack
Valoración: Suficiente

Te gustará si te gustan las historias moralistas, valores piadosos cristianos, historias sentimentaloides.

viernes, 25 de mayo de 2018

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lunes, 30 de abril de 2018

50 sombras de Letraherido


Sé que debería actualizar más, mantener mi blog un poco más activo. Echo de menos años atrás en los que Twitter e Instagram no lo copaban todo y los blogs tenían más vida, y para no ser tan hipócrita qué mejor manera que dar ejemplo y abrir la persiana. Y cómo no sólo de entradas literarias vive el hombre, ahí va una sobre curiosidades. Cosas así las veo actualmente en Twitter, pero recuerdo hace años, en no sé qué blog (mi memoria no da para tanto), que vi una entrada así de este tipo, y con este mismo título de "50 sombras de". Así que decido hacer lo mismo en este blog: un compendio de pensamientos y cosas personales. No tiene mucho interés, pero por si ustedes tienen un día aburrido. Allá va:

1) Soy catalán de padres andaluces.

2) Pertenezco a la Generació Tomàtic. En mi tierra muchos me entenderán.

3) La serie de dibujos animados a la que más asocio mi infancia es Dragon Ball. Con los años no creo que sea el mejor manga ni el mejor anime, de hecho con una visión ya adulta le veo muchísimos defectos. Pero no puedo ser objetivo, es la serie de mi infancia. Y aún me gusta Dragon Ball.

4) Mi principal pecado capital es la gula.

5) Detesto los nacionalismos. Así, en plural. Y me acusarán de equidistante. O de ir de moralmente superior. Pero no. Todo es más sencillo y personal: desde posturas nacionalistas siempre se me ha cuestionado, molestado, fastidiado y prejuzgado.

6) Odio que se juzgue a la gente por sus gustos culturales. A mí algo puede no gustarme nada —sin ir más lejos, he hecho reseñas negativas de libros que no me han gustado—, pero nunca pensaré mal de nadie por disfrutar de ello. Respetar los gustos de los demás no cuesta nada.

7) Incluso valoro mucho a la gente que es fan de algo que está vilipendiado, y que no se esconde. Me parece un acto de valentía. Olé por ellos.

8)  Después de la literatura, lo que más me gusta es la música. De hecho, creo que no me hubiera gustado tanto la literatura si no hubiera disfrutado primero de la música. Siento que una cosa me llevó a la otra.

9) De adolescente quise aprender a tocar la guitarra. No lo conseguí.

10) No fumo. No me gusta el tabaco

11) Tampoco he consumido jamás drogas. Bueno, salvo el alcohol. Y muy esporádicamente.

12) Me gusta la gente que sabe pedir perdón (perdón sincero, se entiende). Y por eso procuro pedir disculpas si la fastidio yo.

13) No me gusta la frase “perdono pero no olvido”. Yo o perdono totalmente, sin guardar el más mínimo rencor, o directamente no perdono. No tengo término medio.

14) No tengo época literaria favorita ni tampoco género. A todo le encuentro su gusto, su gracia, su qué.

15) Pero una vez me preguntaron por mi época literaria favorita, y me pidieron que dijera alguna aunque estrictamente no fuera mi favorita. Ahí va la respuesta: el romanticismo decimonónico. Del romanticismo salieron muchos defectos que aún arrastramos, pero a la vez tiene su encanto. Ya digo que no es mi favorita, pero tiene un plus de encanto para mí.

16) También me gusta reivindicar el siglo XVIII de la literatura española. No acepto como dicen algunos que fuera un páramo desierto. Tiene su aquél.

17) No tengo una novela, poemario o autor favorito. Aquí sí es imposible, del todo imposible, que destaque algo.

18) Pero sí tengo un cómic favorito: Watchmen, de Alan Moore

19) No soy nada multitarea. Hacer varias cosas a la vez no es lo mío, siempre prefiero planificarme por partes.

20) Quizás por el punto anterior, me gusta ver las series una vez acabadas, y del tirón. No entiendo la gente que ve varias series a la vez y encima todas están aún sin concluir.

21) Me gustan las series, sí. ¿Y a quién no hoy en día? Pero no tengo esa ansiedad por devorarlas. No puedo con tanta saturación, hay overbooking de series.

22) La serie Buffy Cazavampiros ha sido la última que me ha maravillado. Nunca es tarde si la dicha es buena.

23) Con las sagas literarias me pasa lo mismo que con las series: me espero a que estén finiquitadas. Y me las leo del tirón. Ni loco empezaría ahora, qué se yo, por citar una saga al azar, Canción de Hielo y Fuego.

24) Leí Harry Potter ya pasada la adolescencia, y me maravilló. Entendí la fama mundial de la saga, bien merecida.

25) Y me siento Hufflelpuff. A veces con pequeñas dudas sobre si soy Ravenclaw (en diversos test me ha salido Ravenclaw), pero no: me decantaría por Hufflelpuff, que ante el sombrero seleccionador tenemos la última palabra.

26) Me encantan las historias de amor. Pero a un tiempo, cada vez noto que me sobran más en muchas películas o novelas. Las noto que están ahí, metidas con calzador para cubrir cuota de romance. Pero aún me emocionan cuando se meten bien metidas.

27)Pese al punto anterior, creo que el amor está sobrevalorado y la amistad infravalorada. Para mí, la amistad tiene un punto más de desinterés. Creo que los amigos son la familia que tú escoges (y a la vez te escogen a ti).

28) Una de mis grandes fortunas de la vida son mis amistades. No me puedo quejar de falta de buenos amigos. Tengo mucha suerte.

29) Y creo completamente en la amistad entre hombre y mujer. La frase “no puedo haber amistad sincera entre hombre y mujer” no es sólo que no la comparta, es que no la entiendo. Mis mejores amistades son amigas.

30) Me gusta el fútbol. De pequeño ya me gustaba jugarlo —y eso que era pésimo—, y actualmente verlo jugar.

31) Y soy del Barça. Pero no me gusta discutir de fútbol, me parece absurdo. Es sólo un juego. Si el Barça gana bien, y si pierde tampoco voy a llorar.

32) Sin embargo, sí puedo llegar a discutir por política. No me gusta entrar al trapo e intento evitarlo, pero a veces no lo consigo. La diferencia es que con el fútbol no me juego nada, y me da igual si alguien piensa que fue penalti o no. Pero con la política sí me juego.

33) Siempre separo obra de autor. Las ideas políticas o las opiniones de un autor me pueden parecer aborrecibles, pero su obra me puede maravillar. Y  viceversa. Me parece muy respetable que otros no la separen. Pero que no me juzguen a mí ni me atribuyan ideas que no tengo por leer/escuchar/ver a Fulanito. Son sus ideas, no las mías.

34) Frente a lo que se pueda esperar de mí, no siento fetichismo por las plumas estilográficas. Así decepcioné a Bettie Jander. A cuánta más gente decepcionaré.

35) Tampoco sé por qué varias personas han supuesto que sabía jugar al ajedrez. No me sé ni las reglas, jamás he jugado.

36) Han llegado a suponer que soy una persona conservadora. Ante mi pasmo, al pedir explicaciones, me han dicho: “Es que se te ve muy formal de primeras”. Y también que "eres muy educado". Aún no sé cómo tomármelo ni termino de ver la relación.

37) El saber no ocupa lugar… pero sí tiempo, mucho tiempo. Demasiadas cosas me gustan y poco tiempo tengo para empaparme de ellas. Ojalá tener más vidas

38) Me gusta la astronomía, pero por desgracia no es que sepa mucho sobre ella (ver el punto anterior). De ser de ciencias, hubiera sido la rama que hubiera escogido.

39) Hay gente que, opinando muy distinto a mí, puede llegar a caerme muy bien. Y hasta puede llegar a maravillarme al escucharla argumentar. No es algo que me pase con frecuencia, pero a veces sí. Creo que el mayor halago que puedo hacerle a alguien es que me guste hablar con él pese a posturas discrepantes.

40) Y a la vez, hay gente que siendo de mi misma opinión o estando en un mismo bando, no la trago.

41) No suelo soportar a la gente sobrada y soberbia.

42) Mi estación favorita es el otoño

43) No soy para nada tecnófobo (hola, estoy aquí, en mi blog), pero las redes sociales a veces me agotan, por eso tampoco quiero implicarme a fondo en ellas ni protagonizar largos y cansados debates. Y necesito cierta desconexión.

44) Puedo responder al whatsapp al cabo de horas o días (a no ser que sea algo que merezca una respuesta urgente). Y por eso no me enfado tampoco cuando a mí me responden tarde. No me gusta esta súper inmediatez que exigen las redes sociales.

45) Cuantos más años cumplo, más veloz me parece el paso del tiempo. Eso me ha hecho ser más receloso y selectivo: no comparto mi tiempo con quien no me valore ni aguanto mierdas de nadie.

46) La bebida que más suelo tomar es coca cola zero

47) No puedo con el bitter kas. Quizás por lo que acontenció en mi infancia: al ver una botella de bitter kas, con ese color tan rojo, pensé que se trataba de un dulce zumo de fresa. Y tan feliz le di un trago grande.

48) El mundo, la vida, la sociedad, llámalo X, me provoca una extraña mezcla de misantropía y altruismo.

49) Canta Ilegales que “el mundo es basura, pero me gusta estar vivo”. Totalmente de acuerdo.

Y 50) El arte me parece un gran consuelo en esta vida, merece la pena vivir sólo por ello. Incluso cuando las cosas van mal.

domingo, 11 de febrero de 2018

Irlanda, de Espido Freire. O una apariencia inquietante


Ficha
Título: Irlanda
Autora: Espido Freire
Editorial: Planeta de Agostini
Colección: Escritoras de hoy
Lengua: castellana
Nº de páginas: 185

Sinopsis (extraída de internet):
Desde que Sagrario ha muerto, las cosas son distintas para Natalia, su hermana, y para sus padres, que en un intento por protegerla de la tristeza la envían al campo a pasar el verano. Allí, en la vieja casona familiar, se reúne con sus primos, Irlanda y Roberto, que con la ayuda de unos amigos se han propuesto adecentar la casa para venderla. Así comienza ese verano en que Natalia, una joven tímida que apenas ha salido de su entorno familiar, vivirá envuelta en flores secas, vestidos antiguos, conjuros mágicos, sueños y pesadillas. Y en ese mundo frágil, que resurge con la oscuridad y en el que nada es como parece ser, se pone de manifiesto la insalvable distancia que separa a Natalia de sus primos, especialmente de la encantadora y dulcísima Irlanda. Haciendo gala de una maestría narrativa que mezcla con prodigioso equilibrio tradiciones del mundo celta con el descaro provocativo de una Françoise Sagan, Espido Freire nos ofrece una primera novela en la que la belleza, la crueldad y los presentimientos recrean una atmósfera inquietante e irresistible.

Opinión personal
Leí Irlanda hará unos diez años, cuando cayó en mis manos de forma casual —como muchas de mis lecturas—, en la edición que pueden ver en la imagen, en la colección de Escritoras de hoy. Me impresionó su final y fue una buena lectura. Revisando los libros de mi estantería, volví a toparme con Irlanda, y pensé que merecía la pena reseñarla. Así que le hice una relectura ultra rápida para refrescar sensaciones. Era la excusa perfecta para venir aquí y abrir la persiana, que la abro demasiado poco y hay que poner remedio.

Irlanda no es una novela extensa, y está parcelada en doce capítulos sin título. Fue la opera prima con la que debutó Espido Freire en 1998, y hasta la fecha es la única novela de la autora vasca que he leído —Melocotones helados, con la que ganó el Premio Planeta al año siguiente, la tengo por casa, y es cuestión de tiempo que algún día la lea—. Me pareció una lectura amena que iba in crescendo, hasta llegar al desenlace final, el cual en mi opinión es el punto fuerte de la obra. Pero empecemos por el principio de la novela: nos encontramos con Natalia, una adolescente como personaje principal y voz narradora de la historia. Se trata de una chica tímida, apocada, introvertida y muy encerrada en su solitario mundo de herbolarios y fantasías. “Yo nunca había tenido amigas, no las necesitaba”, dirá. Porque para eso tiene su mundo de fantasía que ella misma se construye y en el que se cobija, ya que Natalia es asustadiza —sueña continuamente con una tortuga que la persigue macabramente— y percibe el mundo como una amenaza. A la pobre chica además se le murió su hermana Sagrario, y cuida de su otra hermana pequeña con mucho mimo. Todo un amor de chica de la que compadecerse, y casi que te entran ganas de entrar en la novela para abrazarla y reconfortarla. Y sin embargo… cuantas más páginas llevas leídas, más extraño te parece algo… te preguntas hasta qué punto es fidedigna  la voz narrativa de Natalia, porque algo no cuadra con exactitud. Pero hasta aquí puedo leer, ya que en esta entrada no habrá spoilers del final. Y sinceramente, espero no dar demasiadas  pistas.

Así pues, apreciados lectores, conocemos a Natalia en esta tesitura. Sus padres, obviamente, están preocupados:
—¿Has leído lo que dicen las monja?
—No —dije yo.
—Dicen que te distraes con facilidad, que no trabajas bien en grupo, y que eres poco sociable. Y que tal vez podrías poner un poco más de interés en las matemáticas. ¿Qué opinas tú de esto?
—Tendría que prestar más atención a las matemáticas —confesé, con la cabeza baja.
—No tienen delicadeza ni corazón. Se extrañan de que te distraigas. Yo ni siquiera esperaba que sacases el curso adelante —me cogió de las manos y me abrazó—. Ven aquí. Eres una buena alumna, una buena hija.
Es por eso que los padres acuerdan que será bueno para Natalia que pase el verano en la casa de campo de sus tíos, en compañía de sus primos, con el objetivo de que Natalia se evada, se aleje de su hogar un tiempo y así olvidar el recuerdo trágico de Sagrario. Así la mayor parte de la novela sucede temporalmente en verano y en una gran casa de campo rural. Los padres de Natalia, pues, serán testimoniales. Al igual que los tíos, también secundarios ya que se ausentarán frecuentemente y de forma prolongada de la casa. Todo el foco se concentra en los jóvenes adolescentes, en Natalia y en sus primos Roberto e Irlanda, y será ésta última la que dará el título a la obra, porque es la protagonista real —Natalia es el personaje principal, que no es lo mismo—. Y añadamos tres adolescentes más: dos amigas de Irlanda, compañeras de instituto que sólo estarán presentes en los primeros capítulos y después marcharan, y meras comparsas para resaltar a la protagonista. Y ya por último, pero no menos importante para la trama, otro amigo del instituto: Gabriel

Los jóvenes tendrán tareas por hacer durante el verano, consistentes en arreglar y adecentar la casa, ya que los tíos pretenden venderla, y conviene que tenga buena presencia. Los primeros días resultan casi bucólicos, y todos los personajes presentarán el mejor ánimo posible. Pudiera parecer en un primer momento que estamos ante una novela juvenil, de ésas de crecimiento personal que suceden a lo largo de un verano —a todos nos suena alguna novela o película de este estilo, ¿verdad?—. Pero no, no irá por ahí la cosa. Irlanda es una novela con un trasfondo oscuro, una novela cuya temática es la ambigüedad de las apariencias y la desenvoltura ante el mundo y sus reglas. E insertado en ese mundo de apariencias, el lector presenciará un combate entre Natalia e Irlanda. Sería muy tentador hablar también de la rivalidad feminina como otro tema presente, pero yo no lo termino de ver así. Porque de acuerdo, hay una guerra entre las dos primas que irá en aumento, pero el punto temático de la historia no es la rivalidad femenina, ya que la guerra entre féminas no es algo que esté inherente al principio de todo. Ni es algo que se produzca porque se tuviera que producir. Existe un trasfondo más oculto en la novela como para hablar de rivalidad femenina per se.
Espido Freire
De todas formas, Natalia e Irlanda sí reflejan una dualidad clara en la obra. Ambas son los personajes más importantes, y en ellas se ve un contrapunto claro: Irlanda es madurez y desenvoltura total y absoluta, y domina totalmente las convenciones sociales para conseguir fines. Y no le falta decisión en la vida. Natalia, por el contrario, parece que siempre está a la espera de los demás. Parece un bicho raro antisocial e incapaz de adaptarse ni de ser aceptada, hasta el punto en el que llega a manifestar fastidio por tener que crecer:
—Contaba con los dedos los días que faltaban para que llegases —dijo—.
No parecía que la casa estuviese completa sin ti. Es curioso volver a los sitios del pasado una vez que se ha crecido. ¿No crees? ¿No echas de menos a la abuelita? Me parece estar escuchando su voz a cada poco. Le hubiera encantado vernos tan mayores y tan sensatas —suspiró—. Hay un momento en el que se piensa que nunca se crecerá y que los mayores siempre tendrán razón. Y luego nos hacemos mayores sin darnos cuenta, y todas las habitaciones que antes nos parecían enormes han empequeñecido.Yo pensaba que los mayores siempre tendrían razón, y que resultaba, terriblemente lento y doloroso crecer, pero Irlanda se inclinaba sobre la cama con tanta gracia que no quedaba más remedio que comprobar que había crecido. Y era duro sentir que de algún modo eso me hacía crecer también a mí.
—Yo preferiría no crecer —musité.
—No seas tonta. Al convertirte en adulta todas las cosas te están permitidas.
—Pero es a los niños a los que se les disculpan los errores.
Irlanda me miró, un poco extrañada.
Irlanda, además, no es sólo astucia y madurez, también es belleza y atracción. Es la chica perfecta de cara a la sociedad, y como lectores lo sabemos no sólo porque la voz de Natalia nos la describa así, sino por más detalles en la obra que nos permiten tomarlo como algo objetivo. Así que Natalia tendrá aparentemente  las de perder.

Pero dejemos ya la tensión Irlanda-Natalia, recuerden que no les debo destripar nada. ¿Qué hace Espido Freire con este material temático? Pues envolverlo todo con una buena atmósfera. No se dice en ningún momento el lugar geográfico, pero por el verdor de la vegetación, y porque pese al verano se percibe frescor, humedad y rocío por las mañanas, me imaginé el norte de España, lugares como Asturias o muy especialmente Galicia. Y es que el caserón está rodeado de un bosque, y a través de la voz de Natalia sabremos de hierbas, plantas y árboles. A eso, sumémosle la fantasía de la voz de Natalia. Hasta la propia casa da una sensación de antigüedad, incluso como de cuento, con antiguallas y arcones que contienen antiguos vestidos de la familia. En cierto modo, el caserón parece suspendido en el tiempo. Poco a poco, esta atmósfera se empieza a convertir en algo angustioso y oscuro, y más con la tensión emocional que va escalando en el relato. Y todo este ambiente también se logra por el simbolismo que hay en la obra, y que en mi opinión —y no lo digo como un rasgo negativo— es simple y sin mucha complicación (1). Ya el propio título, Irlanda, tiene su punto metafórico y ambiguo. Sí, Irlanda es la protagonista, la persona enigmática y cruel a ojos de Natalia, pero también piensas en el país homónimo, y en el verdor de sus paisajes. Además, el nombre de Irlanda tendría una tercera vertiente: el recuerdo de la abuela Hibernia, y la razón la pueden leer en este fragmento:
—No comienza con tu nombre —dije yo—. Aquí pone Hibernia.
Mi prima movió la cabeza con desprecio.
—Hibernia es el nombre latino de Irlanda, Natalia. Significa “tierra de los hielos eternos”. Mi nombre tiene al menos dos siglos —terminó, con aquella risa de cascada de agua que me destrozaba los nervios.De modo que así se llamaba Hibernia la cruel, con sus severos trajes de amazona y la pluma en el sombrero, fustigando a los caballos con las mismas manos de Irlanda y causando la misma admiración que ella. Me maravillé de no haberlo pensado antes y de haber soñado con ser como ella, con la vista perdida en el horizonte y las montañas. Traté de recordar lo que significaba mi nombre, salmodiado tantas veces, pero sólo acudió a mi mente la imagen de la ternerita en el establo.
Como ven, hay incluso hasta cierta mitología familiar en la obra. Y no es que se trate de una novela fantástica, o ajena a los asuntos terrenales. Simplemente este simbolismo unido a la voz de Natalia le da aire un aire onírico. Porque lo terrenal no estará ausente. Sin ir más lejos, hay un trasunto familiar de fondo: mientras que la familia de Irlanda ha sido astuta y hábil para especular con los terrenos del pueblo, la de Natalia se veía obligada a malvender su parte de la herencia (2). Y esa tensión latente entre las dos familias se deja ver, si bien no se entra de lleno en ello y queda como algo de fondo pero que carga —más— el ambiente.
Algo así me imagino el lugar en el que se sitúa la novela

Ya se me está haciendo larga la reseña, así que intentaré encaminarla hacia su final. La pluma de Espido me ha parecido muy inteligente, ha sabido jugar con el lector. Jugar, que no engañar. Pues en realidad los detalles estaban ahí, y sobre el final de la obra se nos revelan con un cambio de perspectiva. Es algo que ya pasó en otra obra de la que les hablé: Soy leyenda. Si las comparo, Irlanda no me ha parecido una novela tan magistral y redonda como Soy leyenda, pero es que la novela  de Matheson es un gran clásico de la ciencia ficción, y eso no quita que la novela que hoy nos ocupa mantenga muy bien el tipo. Tampoco parece que tenga la pretensión de ser una obra maestra, simplemente es una buena novela. Breve y que entra muy bien, hay bastante diálogo y descripciones sencillas pero no por ello pobres. El ritmo es bueno, aunque a mitad de la novela parece pegar cierto bajón, pero en el fondo se va tejiendo más y mejor esa atmósfera, y dejando pistas para preparar el terreno cuando lleguemos al final.

Una última cosa antes de cerrar la persiana. No haré ningún spoiler, como dije, pero para quien haya leído Irlanda, no puedo evitar confesar lo siguiente: me hubiera gustado leer la voz de Irlanda, y conocer su punto de vista. Y no lo digo porque en la novela falte algo o sea un error de la autora. Simplemente me hubiera gustado verlo todo narrado desde el otro punto de vista. Y me choca saber opiniones de otros lectores que consideran tan mal a Irlanda, así que romperé una lanza por la protagonista. Porque de acuerdo: la chica tiene sus cosas. Sus defectos se dejan ver incluso más allá de la voz de Natalia. Irlanda es caprichosa, astuta y hasta manipuladora. Pero ¿es tan mala al principio de la novela? ¿O se vuelve así? Y si se vuelve así, ¿por qué? Ahí lo dejo. Cada uno tendrá su opinión, sobre todo cuando las cosas no son lo que parecen.

Valoración: Bien/Notable

Te gustará si te gusta el juego de apariencias, los pozos oscuros de una persona

Fragmentos:
(1) Una urraca se posó en un árbol y gritó. Luego voló hasta el tendido eléctrico y se alineó con otros tres pájaros negros. El mediodía secaría la hierba, pero todavía quedaba rocío. Roberto esperaba a su amigo en la verja. Al cabo de un momento el otro apareció en la colina y los dos desaparecieron de mi vista.


(2) —Tienes que vigilar de cerca a mamá —me había dicho Sagrario—, porque irá vendiendo su herencia trozo a trozo, como ya ha hecho, y el resto de la familia se aprovechará, como sanguijuelas que son. Si logran engañar a mamá, que no lo hagan contigo. Nos quedaremos sin nada y se acabará la familia. —Continuó con los ojos cerrados—: No pienses que me refiero a cómo se han portado con nosotros los tíos. Ya no les guardo rencor. Lo digo por vosotras, por la pequeña y por ti, porque yo poco más voy a durar.
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